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«La orgullosa misión de la SGI» | Ensayos del maestro Ikeda

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«La orgullosa misión de la SGI» | Ensayos del maestro Ikeda

Humanismo Soka

martes, 27 de enero de 2026

martes, 27 de enero de 2026

En el marco del 51.° aniversario de la fundación de la Soka Gakkai Internacional, compartimos un ensayo del maestro Daisaku Ikeda publicado en enero del año 2023, en el cual alude a dicha fecha conmemorativa.

En el marco del 51.° aniversario de la fundación de la Soka Gakkai Internacional, compartimos un ensayo del maestro Daisaku Ikeda publicado en enero del año 2023, en el cual alude a dicha fecha conmemorativa.

En el marco del 51.° aniversario de la fundación de la Soka Gakkai Internacional, compartimos un ensayo del maestro Daisaku Ikeda publicado en enero del año 2023, en el cual alude a dicha fecha conmemorativa.

En el gélido mes de febrero de 1955, mi maestro Josei Toda concedió una entrevista a la Emisora Tohoku para uno de sus programas radiofónicos. Cuando le preguntaron sobre la historia de nuestra organización, él le explicó, afablemente, que los orígenes de la Soka Gakkai se remontaban a 1928, año en que él y su maestro, Tsunesaburo Makiguchi, habían iniciado la práctica del budismo Nichiren.

Solo yo lo había acompañado a esa entrevista; al término de la grabación, me dijo sonriendo: «Daisaku, tú naciste en 1928, ¿no es así? Qué relación kármica tan significativa…»

Unido a mis compañeros de fe, me sumé a la inmensa gesta iniciada por los dos primeros presidentes para abrir con la fuerza del pueblo un gran camino hacia la concreción del kosen-rufu y hacia el ideal de «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra». Hoy, el castillo de valores humanos de la Soka ha crecido magníficamente en todo el orbe. 

*

El 21 de enero, en una ceremonia pletórica de alegría y de renovadas decisiones, se inauguró formalmente un nuevo centro cultural de la paz [2] en Guam, la isla donde se fundó la Soka Gakkai Internacional (SGI). Allí, el 26 de enero de 1975 se celebró la conferencia por la paz mundial en la cual se estableció la SGI.

Hasta el día de hoy, tengo muy presente los rostros de esos inolvidables amigos de Guam y de otros lugares de los Estados Unidos que, en esa fecha histórica, me acompañaron dando la bienvenida a los nobles pioneros de nuestro movimiento, procedentes de 51 países y territorios del mundo. ¡Con qué dedicación impresionante trabajaron para preparar la actividad tras bambalinas y asegurar el éxito de la jornada! 

Aunque llegué a Guam con dolor de garganta, después de una larga gira por los Estados Unidos en la época más fría del invierno, mi esposa y yo alentamos con alma y vida a los compañeros de Guam y a los representantes que habían viajado hasta la isla desde tantas partes del mundo.

Habíamos decidido que la SGI debía fundarse en Guam, un lugar cuya población había sufrido indescriptiblemente en la Segunda Guerra Mundial, a causa de las encarnizadas batallas libradas en la isla. Desde el primer momento, nos dedicamos a entablar afectuosos lazos de aliento a cada persona que teníamos delante, para sembrar en su corazón las semillas de paz de la Ley Mística.

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El año en que se fundó la SGI, 1975, marcó también el trigésimo aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, y del final de la Segunda Guerra Mundial. Corrían las horas más álgidas de la Guerra Fría, en un mundo atravesado por divisiones y conflictos cada vez más pronunciados, regidos por la lógica del poder y de intereses unilaterales.

Para superar la crisis que mantenía en vilo a la humanidad, nos pusimos en acción, decididos a aplicar la sabiduría del budismo Nichiren y a crear nuevo valor en aras de la paz, la cultura y la educación. 

El Daishonin afirma que todas las expresiones de la sabiduría —budista o no budista— que «ponen fin a las aflicciones del pueblo» y «ayudan a las personas» reflejan, en última instancia, la sabiduría del budismo.[1] Además, agrega: «La persona de sabiduría no es la que practica el budismo alejada de los asuntos mundanos, sino, antes bien, la que comprende cabalmente los principios con los que el mundo se gobierna».[2]

Esto significa que nuestro desafío es, por un lado, emprender la misión religiosa de difundir la Ley Mística, y, a la par de ello, asumir la misión humana y social de la paz mundial. Con ese fin, la SGI —constituida como una organización popular independiente, basada en el Camino Medio y en los principios humanísticos del budismo—, sigue tendiendo puentes de solidaridad entre las personas del mundo en diversas esferas, trascendiendo las diferencias nacionales, políticas, ideológicas y religiosas.

No hay nada más atroz, o más cruel que la guerra. No debemos permitir que nuestros jóvenes e hijos sean sacrificados en la perversidad de la lucha armada, ni que las madres del mundo tengan que llorar por esta causa. Mientras tengamos vida y fuerza, este deberá ser el clamor más profundo que surja de nuestro corazón.

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Comencé a presentar mis propuestas anuales de paz el 26 de enero de 1983, Día de la SGI. 

En ese momento, la carrera armamentista nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética había alcanzado un ritmo desenfrenado. El mundo, para consternación de todos, se encontraba en una encrucijada extrema entre la paz y un clima de tensión internacional cada vez más acentuada. Consciente de ello, presenté «Nuevas propuestas para la paz y el desarme» [primera de mis propuestas anuales de paz en el Día de la SGI].

Allí expresé la certeza de que no podríamos llegar a una visión constructiva del futuro si partíamos de la resignación y de la desesperanza, y sugerí, como primera iniciativa, que se celebrara con la mayor premura posible una cumbre entre los máximos líderes de los Estados Unidos y de la Unión Soviética. Dos años después [en 1985], el mandatario soviético Mijaíl Gorbachov se reunió con su par estadounidense Ronald Reagan. Ese diálogo directo fue el disparador de cambios que, con el tiempo, condujeron a la firma de un tratado entre ambas naciones para la eliminación de las fuerzas nucleares de alcance intermedio [Tratado sobre las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio] (INF, por sus siglas en inglés). Este avance me conmovió profundamente.

En su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, el Daishonin escribe: «¡Conversemos extensamente sobre esta cuestión!».[3] Enarbolando ese mismo espíritu, los tres primeros presidentes de la Soka Gakkai —Tsunesaburo Makiguchi, Josei Toda y yo— y todos los miembros espiritualmente unidos a nosotros hemos seguido y promovido sistemáticamente la vía del diálogo. 

Cuando hablamos como congéneres —centrados en la vida y en la condición humana, definida por las aflicciones del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte— sin falta encontramos un terreno común sobre el cual llegar al entendimiento mutuo. 

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[Entre 1983 y 2022] presenté un total de cuarenta propuestas de paz, cada 26 de enero. Muchas de las ideas allí enunciadas fueron acogidas, de una forma u otra, por las Naciones Unidas y por diversos organismos internacionales. Entre ellas, me refiero a iniciativas como la de establecer un decenio de la educación para promover el desarrollo sostenible; promulgar una carta de los ciudadanos del mundo; adoptar y ratificar un protocolo que prohíba el reclutamiento de niños soldados, y crear un fondo global para la erradicación de la pobreza.

En especial, destaco el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) [aprobado por las Naciones Unidas en 2017], un paso crucial en dirección al gran anhelo de mi mentor. Agradezco infinitamente la labor de nuestros miembros del mundo, quienes, con el mismo espíritu que yo, propagan su convicción en la paz, irradiando un oleaje incesante en la sociedad y en las comunidades donde viven. 

Por muchas dificultades que se presenten, la humanidad tiene los recursos interiores necesarios para resolverlas. La sabiduría que somos capaces de desplegar para crear valor no tiene límites, como señaló el historiador británico Arnold J. Toynbee (1889-1975) en su visión de la historia humana como proceso de desafío y respuesta.

El propósito de nuestros diálogos, orientados al ideal de «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra», es reafirmar, despertar, extraer, aunar y confiar en el poder intrínseco de la humanidad, caracterizado por cualidades como la fortaleza, el valor, la amistad, la solidaridad, la sabiduría y la persistencia. 

Nichiren Daishonin escribe: «Así y todo, no me he desalentado. El Sutra del loto es como la semilla; el Buda es como el sembrador, y el pueblo es como el campo». [4]  

Nuestras voces, que oran y dialogan con los demás imbuidas de bravura, sinceridad y perseverancia, se convierten en semillas de esperanza; semillas que dan flor y fruto en profusión interminable para crear en todo el orbe exuberantes jardines de paz. 

Junto a nuestros compañeros de la SGI del mundo, que siguen surgiendo de la tierra en número creciente, continuemos avanzando en los lugares donde hemos elegido cumplir nuestra misión. Hoy, mañana y siempre, proclamando con determinación «¡Aún no me he desalentado!», sembremos con digno orgullo las semillas de la paz de la Ley Mística. 


(Traducción del artículo publicado el 26 de enero de 2023 en el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai).



CITAS

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1168.

[2] Ib., pág. 1167.

[3] Ib., pág. 7.

[4] Ib., pág. 786.

© Humanismo Soka - 2024

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