
Humanismo Soka
Construir una era de la mujer y de la dignidad de la vida
En un ensayo del año 2014, el maestro Ikeda dedicó a las mujeres guías con el deseo de que puedan construir una era de paz a partir de su propio desarrollo como seres humanos:
«Hoy, quiero transmitirles tres pautas como guía y aliento a todas las mujeres de la Soka, a quienes respeto y admiro sin reservas.
En primer lugar, interpreten una danza dorada de felicidad y de victoria, impulsadas por un torbellino de daimoku.
En segundo lugar, las exhorto a que perseveren sembrando las semillas que les permitirán adquirir buena fortuna y forjar valores humanos, mientras disfrutan de esta labor.
En tercer lugar, las aliento a triunfar en la construcción de un mundo pacífico, creando una red de mujeres unidas.
¿En qué otro lugar del mundo puede verse una conferencia de paz adornada de sonrisas tan radiantes, celebrada con tan bella armonía, rebosante de tanto gozo y esperanza? Este encuentro de hoy marca el brillante inicio de una nueva era en el “Siglo de la Mujer”». [1]
Por este motivo, hoy quisiéramos reafirmar juntas estas guías para decidir a través de nuestros esfuerzos cambiar rotundamente el rumbo de la sociedad hacia una era de paz genuina.
Primera guía: «Interpreten una danza dorada de felicidad y de victoria, impulsadas por un torbellino de daimoku».
El maestro Ikeda comenta: «mi esposa y yo releímos juntos un pasaje de una de las cartas que Nichiren Daishonin envió a la monja laica Sennichi:
“Desde que comprendí que solo el Sutra del loto expone la iluminación de las mujeres, y que este es el único sutra de la verdadera retribución que nos permite saldar la deuda de gratitud con nuestras madres, he jurado hacer que todas las mujeres entonen el daimoku de este sutra [Nam-myoho-renge-kyo] para retribuir lo mucho que yo le debo a mi propia madre”.». [2] [3]
En aquellos tiempos del Daishonin se vivían días de caos y de conflicto armado, y las mujeres eran quienes más sufrían. También estaban sujetas a acatar la “triple obediencia”, que las obligaba a pasar la vida entera sirviendo a otros: en la infancia, someterse a la autoridad de los padres; en el matrimonio, a la del marido; en la vejez, a la de los hijos varones. Sin embargo, en semejante marco social, el Daishonin juró resguardar del sufrimiento a toda la población femenina
También, se refirió a diversos comentarios de las escrituras, y sintetizó su propósito con estas palabras: “Entre todas las enseñanzas que expuso el Buda en su vida de prédica, la primordial es el Sutra del loto, y [...] entre las enseñanzas contenidas en el Sutra del loto, la primordial es la iluminación de las mujeres”. [4] En otras palabras, la esencia del Budismo es asegurar la felicidad de la mujer.
Entre las seguidoras mujeres de Nichiren Daishonin, algunas habían quedado viudas aún siendo jóvenes, o habían perdido a un hijo amado; otras sufrían a causa de enfermedades propias o de sus hijos; había quienes sufrían porque no podían tener hijos; mientras que otras debían cuidar a sus suegras ancianas. Sus problemas eran universales, y resuenan con las dificultades de las mujeres en todas las épocas.
El Daishonin ofreció constante aliento a estas mujeres, que se esforzaron en medio de toda clase de sufrimientos y adversidades, brindándoles pautas claras, detalladas y prácticas, apropiadas a cada persona y a cada circunstancia en especial.
El maestro Ikeda expresa que «solo la filosofía de vida de la Ley Mística revela plenamente el “logro de la Budeidad en las mujeres”; en otras palabras, el camino hacia la felicidad absoluta y duradera de cada mujer. La práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo y transmitirlo a otros también es una vía para que cada persona salde la deuda de gratitud que tiene con su madre, en el nivel más esencial.
Las mujeres de la Soka Gakkai despliegan una fuerza contundente en su fe y en su práctica; oran con una actitud infatigable y sincera que refleja el espíritu del Daishonin. Por eso, disponen ilimitadamente de las fuerzas del Buda y de la Ley, que les permiten superar cualquier manifestación de los tres obstáculos y los cuatro demonios, y lograr el kosen-rufu mundial. Semejante hazaña se diría que es algo milagroso». [5]
El maestro Ikeda nos alienta a que, cuanto más compleja y difícil se vuelva la época en el futuro, más nos esforcemos nosotras por abrazar nuestro hermoso mundo en una espiral de daimoku cada vez más amplia y potente, ya que el daimoku es el sonido y el ritmo primordial del universo. «Mi deseo es que cada una de ustedes interprete libremente su propia danza áurea de felicidad y de victoria, en bien del mundo y del porvenir». [6]
Segunda guía: perseveren sembrando las semillas que les permitirán adquirir buena fortuna y forjar valores humanos, mientras disfrutan de esta labor.
En este mismo mensaje, Ikeda recuerda una ocasión en la que visitó el hogar de una miembro, que luchaba valientemente contra graves problemas económicos y oraba por la enfermedad de su esposo.
—¿Cuánto tiempo más tendremos que soportar esta pobreza? —le preguntó.
Y rememora que aunque él mismo era muy joven, le respondió con absoluta convicción:
—En el Último Día de la Ley, los beneficios son invisibles y mediatos. Pero cuando uno, todos los días, superpone una hoja de papel sobre la otra, al cabo de diez o de veinte años tiene una pila de altura impresionante. De la misma manera, nuestra práctica budista nos permite transformar profundamente nuestro estado de vida. Quédese tranquila, sin falta, usted será feliz.
Asimismo, relata que el Daishonin reiteradamente pidió a sus creyentes mujeres que tomaran conciencia de la enseñanza correcta del Budismo y que basaran su vida en una filosofía válida, en una visión correcta de la vida y del mundo. Si lo hacían -les enseñó-, serían invencibles, por muchos obstáculos que encontraran en su camino; serían triunfadoras en la vida, reinas de la felicidad. También alentó a las mujeres a confiar en sí mismas, a desplegar su potencial brillante; les mostró que su vida era infinitamente preciada y noble. También aseguró a todas sus discípulas que para las mujeres que abrazan la Ley Mística: «los infortunios se convertirán en buena fortuna», y «rejuvenecerá, y su buena fortuna será cada vez mayor».
La fe es una regla áurea para construir una vida feliz. Es una fuente de energía y de vitalidad. La fe nos permite convertir las dificultades en oportunidades, transformar el veneno en remedio, y encauzar nuestra vida por un rumbo fuerte y confiado, rebosante de buena fortuna. Pase lo que pase, por apabullantes que sean nuestros obstáculos en el transcurso de la vida, si los vemos desde la inmensa perspectiva de la Ley Mística, que abarca el universo entero, nos asegura el maestro Ikeda, no dejarán de ser cuestiones ínfimas. Lo importante es examinar las cosas desde un estado elevado de vida. Avancemos con coraje y alegría, dejando atrás las tribulaciones ruidosas del mundo. [7]
«Por favor», nos insta el maestro Ikeda, «sigan participando con constancia en las actividades de Gakkai, pues así sembrarán las semillas de su felicidad; y sigan alentando y apoyando a los demás, pues así sembrarán las semillas del forjamiento de valores capaces. La “virtud invisible” que estas acciones les permitirán adquirir, con el tiempo, florecerá como infinidad de “recompensas visibles”». [8]
Tercera guía: Triunfar en la construcción de un mundo pacífico, creando una red de mujeres unidas.
El maestro Toda alentó así en una oportunidad a unas jóvenes miembros:
«Cuando los eslabones de una cadena están firmemente unidos, la cadena no se rompe. Lo mismo cabe decir de los seres humanos. El kosen-rufu avanzará, con toda certeza, cuando haya personas de firme compromiso que se unan sólidamente y se tomen de las manos. Por eso les pido que creen una red de personas unidas».
En cada lugar, basadas en el lazo de maestro y discípulo y trascendiendo toda diferencia, cada una de nosotras, las mujeres Soka, integrantes del Departamento Femenino y Juvenil Femenino, nos estamos desafiando en nuestra revolución humana, para forjar una red de mujeres firmemente unidas por los lazos de la fe, por nuestro juramento, y por una genuina amistad basada en la unión de «distintas personas con un mismo propósito».
«Mientras sigan vinculadas de esta manera, la Soka Gakkai seguirá siendo siempre una organización sólida y fuerte. Mientras exista esta red unida de mujeres Soka, la paz en el mundo podrá lograrse, mantenerse y promoverse sin falta, por muchas turbulencias que agiten la situación internacional. Quiero afirmarlo de manera rotunda».
El Daishonin, tal como podemos apreciar en su profundo aliento, fue un hombre extremadamente apasionado y benevolente. Llegaba hasta cualquier extremo, con tal de asegurarse de que sus discípulas mujeres pudieran trabajar juntas en armonía, como compañeras y amigas de la fe, y apoyándose unas a otras para crecer y desarrollarse. El maestro Ikeda cita, por ejemplo, que en algunas cartas escritas a sus seguidoras, las instruye a leer sus enseñanzas junto a otras creyentes de la región: «Ya que ambas poseen una condición semejante, hagan que alguien les lea esta carta y escuchenla juntas»; «Espero que lea esta carta, una y otra vez, junto a la esposa de Toshiro».
A través de estos pasajes podemos apreciar por qué es tan importante nuestra organización. El solo hecho de que podamos avanzar unidas, apoyándonos mutuamente, en esa amistosa cooperación que nos enseña la Soka Gakkai, es una demostración clara de que estamos practicando tal como enseñó el buda Nichiren Daishonin.
Desplegar nuestra misión para consolidar el siglo XXI como la era de la mujer y de la dignidad de la vida
Avanzar basadas en el daimoku, transformar cualquier sufrimiento en buena fortuna para expandir esa fortaleza y forjar valores humanos y ampliar nuestro estado de vida basadas en una profunda unión como mujeres Soka, son las claves para generar nuevos caminos que nos permitan sin falta cambiar sustancialmente nuestro karma, el de todas las mujeres que nos rodean, y en definitiva, el de la humanidad.
Y en ese sentido, nos gustaría brevemente mencionar el ejemplo que podemos rescatar de la vida de grandiosas mujeres, de cuya postura Ikeda Sensei nos alienta a aprender.
Con respecto a la oración, sin dudas, la señora Kaneko Ikeda es modelo de basar la vida en la fe y en el daimoku; ella expresó:
«La verdad es que yo no soy particularmente fuerte ni sabia, pero Daisaku y yo oramos juntos, y creemos firmemente en el poder de la fe y de la buena fortuna, algo que yo aprendo de él a cada instante. Si uno ora sinceramente y con todo su corazón, las puertas se abren. Lo mejor y lo más importante que puedo hacer es orar. Es lo que haré hasta el último día de mi vida. Aunque otras cosas cambien, eso nunca cambiará». [9]
Con respecto al espíritu de construir una vida de buena fortuna y a su vez, sembrar esas semillas en los demás, quisiéramos rescatar el ejemplo de Marie Curie, quien fue la primera mujer en conquistar logros monumentales con valentía y fortaleza, superando sufrimientos y discriminación. El maestro Ikeda expresa: «Su fortaleza interior, optimismo e inteligencia, imperturbables ante el profundo sufrimiento y la tristeza, inspiraron a muchas personas en todo el mundo». Ella expresó: «No es posible construir un mundo mejor sin mejorar a los individuos. Con ese fin, cada uno de nosotros debemos procurar nuestra propia superación, y a la vez tener sentido de la responsabilidad hacia todos los semejantes; es decir, de nuestro deber particular en pro de aquellos a quienes creemos podemos ser de mayor ayuda». Es decir, creía que cada persona debía transformar su destino, tomar conciencia de su responsabilidad y poder de influencia en su entorno y en la humanidad y asistir de alguna manera a quienes pasaban adversidades y sufrimientos. Es una convicción que resuena con la filosofía soka de la revolución humana.
Y con respecto a la importancia de la unión de las mujeres, queremos citar el ejemplo de Natalia Sats, la célebre madre del movimiento de arte infantil en Rusia. Estando encarcelada injustamente, animó a las otras prisioneras a no dejarse abatir por ese sufrimiento y se esforzó en accionar para levantar el ánimo de estas compañeras de celda inmersas en un abatimiento extremo. Ella escribió en su autobiografía: «Debo ayudarlas a sobrevivir. A ellas y a mí. Necesito cambiar mi manera de pensar; tratar de creer que esta realidad actual no es el fin, de ninguna manera». Al poner en el centro a los demás, el sol de la esperanza comenzó a elevarse en su corazón.
Y sobre esto Ikeda reflexionó: «La señora Sats y sus compañeras, en la cárcel, decidieron que nadie debería sufrir a solas. Para ser humanistas, no necesitamos enunciar complejas teorías. Solo hace falta creer de verdad en el ser humano y tratar de unir a las personas. Ese es el verdadero humanismo: crear lazos de fraternidad. La amistad es fuerza. La organización es un medio para profundizar nuestra fe, amistad y espíritu fraterno».
Tal como expresó el maestro Ikeda en su vasta visión y profunda determinación de hacer realidad la paz en el mundo hacia el eterno futuro, este siglo XXI, cuyo primer cuarto de siglo recién estamos transitando, será clave para asentar el respeto a la dignidad de la vida como eje rector de la humanidad. Por eso la misión de las mujeres, y, en especial, de las mujeres de la Soka, cobra una importancia fundamental.
El maestro Ikeda expresó:
«En la primera mitad del siglo XXI vislumbro que será la época en la cual consolidaremos los cimientos de la paz en el mundo.
En la segunda mitad del siglo XXI, pensando en hacer de él una «centuria de la vida», confío en que el respeto a la dignidad de la vida eche raíces como espíritu fundamental de la época y del mundo.
En la primera mitad del siglo XXII, espero que se forme un cimiento indestructible que sustente una paz global y estable. Y, sobre ese fundamento, vislumbro que en la segunda mitad se producirá un brillante florecimiento de la cultura humana.
Hacia mediados del siglo XXIII se celebrará el milenio del budismo Nichiren (en 2253). Lo concibo como el punto focal que marcará el inicio de la siguiente fase de nuestro movimiento.
Por supuesto, esto que señalo no son «profecías». Antes bien, es mi determinación para el futuro, basada en mi sincera oración por la paz.
¿Cómo será el futuro? Nadie puede responderlo con certeza. Lo único que sabemos es que los efectos que habrán de manifestarse en el futuro están contenidos en las causas que hagamos en este momento. Por ende, lo esencial es que nos pongamos de pie decididos a lograr un noble propósito, sin dejarnos influenciar por las circunstancias a corto plazo. Todos los que hoy estamos trabajando por el kosen-rufu con convicción intrépida estamos, en realidad, construyendo el siglo XXI, el siglo XXII, el siglo XXIII». [9]
¡Queridas amigas, avancemos con esta convicción inamovible de que nuestra lucha de hoy está asegurando la concreción de una paz genuina en esta época y en bien del lejano porvenir! Esa es la profundidad de nuestra acción, de nuestro esfuerzo, de nuestras oraciones, de nuestros encuentros con tantas mujeres y de nuestra batalla cotidiana por abrirnos paso y convertir cualquier karma en una brillante misión.
CITAS
[1] IKEDA, Daisaku: El compromiso y la unión de las mujeres abrirán un camino hacia la paz, publicado el 11 de noviembre de 2014 en el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai.
[2] Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 975.
[3] Op. cit. 1
[4] WND, pág. 464; [MW, vol. 5, págs. 156-157.]
[5] Op. cit. 1.
[6] Ib.
[7] [8] IKEDA, Daisaku: ¡NO HAY NADA TAN PODEROSO COMO LA FE!, publicado el 15 de noviembre de 2000 en el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai.
[9] IKEDA, Daisaku: Determinaciones para el futuro de cara al siglo XXIII, texto extraído de un discurso pronunciado en una reunión con representantes de la región de Kansai, realizada en Osaka, el 17 de mayo de 1997, SABIDURÍA PARA SER FELIZ Y CREAR LA PAZ: Conclusión: Hacia el futuro - Parte 1 de 2.








