
Humanismo Soka
Vestirse es una práctica cotidiana que puede resultar compleja dependiendo de la relación que tengamos con nuestro cuerpo, pero también una maravillosa oportunidad de explorar quiénes somos para expresarlo con absoluta libertad.
Podemos pensar la moda como una forma de comunicación: es la tendencia colectiva predominante en un lugar y tiempo determinado, especialmente vinculado a ropa y accesorios. La moda marca el estilo vigente en una sociedad a nivel global y permite expresar ciertas ideas. Lo interesante en relación a esto es pensar de qué manera aproximarnos a ella.
El sentido de diseñar moda
Desde el punto de vista de la creación de ropa, y teniendo en cuenta lo mencionado antes, entender la función de quienes diseñan prendas es clave, en tanto hacerlo es también poner a circular ciertos sentidos: las decisiones de diseño responden a una serie de necesidades presentes en la sociedad, condensan una respuesta a esa lectura y son también una forma de posicionarse frente al mundo. Por ejemplo, Coco Chanel (1883-1971) fue una revolucionaria diseñadora francesa que transformó la moda femenina del siglo XX, liberando a las mujeres del corsé y promoviendo un estilo cómodo, elegante y funcional.
En su época, existía una marcada diferencia de clase, porque solo accedían a la moda las mujeres de alto poder adquisitivo. Ellas usaban tonos claros, telas delicadas más caras. Mantener limpias estas telas demostraba que no necesitaban trabajar. En la década de 1920, el color negro no estaba permitido para ellas, solo se usaba para mantener el luto o en uniformes de limpieza ya que disimulaba las manchas.
En ese contexto, la audaz diseñadora instaló el concepto de Black little dress (BLD) [1] vinculado a la utilización de vestidos negros de falda corta, a cualquier hora del día, dandole la posibilidad a la población femenina de menos recursos de verse elegantes de manera simple y sin una excesiva inversión. Actualmente este concepto sigue vigente por su versatilidad, y la posibilidad de volverlo más o menos formal a través de combinarlos con distintos tipos de accesorios, según la ocasión.

Coco Chanel en su departamento de París, Francia, en 1959 (Imagen de KAMMERMAN/Gamma-Rapho vía Getty Images).
Otro importante ejemplo en la historia de la moda fue la creación de los jeans. [2] A mediados de 1800, plena época de la Fiebre del Oro, Levi Strauss, dueño de una tienda de ropa en San Francisco, se asoció con el sastre Jacob Davis y juntos crearon pantalones pensando en los trabajadores mineros. Teniendo en cuenta que debían ofrecer practicidad, firmeza y durabilidad, eligieron usar un tejido fuerte (el denim) y coserlos con hilos gruesos realizando costuras reforzadas; además, agregaron remaches en los bolsillos para volverlos más resistentes y permitirles guardar las pepitas que recolectasen.
A lo largo de los años, los jeans fueron expandiendo su circulación al ser rediseñados apuntando a distintos públicos. Adoptaron diferentes cortes y se resignificó así también el sentido que tenía para cada uno de ellos.

1930: trabajadores vistiendo pantalones de jean.
Dime cómo vistes y te diré quien eres
Si bien existen a nivel social grandes propuestas de moda, tendencias que van instalándose, cada persona tiene la posibilidad de decidir apropiarse con creatividad, probar distintas prendas y descubrir su propio estilo. Para esto, algunas preguntas que pueden aportar a esa construcción personal son:
¿Qué tipo de ropa prefiero usar y por qué?
¿Qué colores siento que me identifican?
¿Qué materiales resuenan con mi personalidad?
¿Qué imagen quiero proyectar?
Convertir esta práctica en un ejercicio que disfrutemos es posible, incluso puede aportar al autoconocimiento. Desde el punto de vista más esencial, vestirnos conscientemente es una manera de sentirnos mejor, de ir construyendo seguridad y confianza. La decisión sobre cómo vestir es una manera de expresar nuestra identidad sin usar palabras. Los colores y las texturas transmiten emociones, describen rasgos de nuestra personalidad. No es necesario tener grandes cantidades de ropa, sino despertar la creatividad de vestirnos con lo que tenemos de una manera que nos brinde bienestar y alegría.
Además, los materiales que elegimos y qué tan conscientes somos de las formas de producción también habla de nuestros valores. En la actualidad está creciendo el movimiento de moda circular, una corriente de personas comprometidas con el cuidado del ambiente que aportan a la reducción de desechos textiles, a partir de propiciar la reutilización de prendas. Cada vez hay más ferias en las cuales encontrar ropa en excelente estado y buen precio, que están esperando una segunda vuelta.
En su Propuesta de Paz del año 2002, el maestro Ikeda destacó la importancia de la educación para el desarrollo sostenible, y postuló la necesidad de aprender y profundizar la conciencia pública acerca de cuestiones y realidades del ambiente. También alentó a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y modificarlo para favorecer la sostenibilidad, y se refirió a la importancia de empoderar a las personas a fin de que cada individuo realice acciones concretas para resolver cuestiones que nos afectan a todos.
En línea con esto, expresó: «Aunque estableciéramos acuerdos sobre valores éticos y paradigmas de conducta, si no crece la cantidad de individuos que los incorpora y practica en su vida diaria, la realidad que vivimos no cambiará en absoluto». [3]
Lejos de ser una cuestión superficial, vestirnos bien es una oportunidad más de ser personas responsables y conscientes de la influencia de las acciones que hacemos.
¡Incluso a través de cómo nos vestimos podemos crear valor positivo en la comunidad!
CITAS
[1] Véase https://graziamagazine.com/mx/articles/la-historia-del-little-black-dress/
[2] Véase https://howfashionworks.com.ar/blog/historia-del-jean/
[3] IKEDA, Daisaku: Propuesta de paz 2002: El desafío de un fortalecimiento global: educación para un futuro sostenible. Véase https://www.daisakuikeda.org/es/sub/resources/works/props/ed-sustain2002.html








