
Humanismo Soka
Durante su infancia vivió con su familia y fue una persona ejemplar. Tuvo su primer acercamiento a la música desde pequeña, cuando empezó a desarrollar su vocación de cantante. Pero, cuando tenía quince años, su madre falleció y tuvo que irse a vivir con su padrastro. Ese fue un período tan difícil para ella, que en muy pocas ocasiones habló al respecto. Se escapó de esa casa, pasó por hogares estatales, e incluso llegó a vivir en la calle en una época donde el racismo era algo cotidiano.
Más adelante, empezó a cantar en pequeños espacios y clubes para poder ganar dinero. La música, más que una elección, era una forma de sostenerse. En ese camino apareció la famosa Marilyn Monroe, que ya era una gran estrella. Monroe la escuchó en uno de esos clubes y quedó impactada. Con el tiempo se conocieron y generaron un vínculo que fue más allá de todas las diferencias. A pesar de venir de mundos distintos, compartían algo muy profundo: ambas habían tenido infancias difíciles, habían atravesado relaciones complicadas y sabían lo que era tener que hacerse un lugar en una industria tan compleja.
Monroe decidió apoyarla de una forma concreta: usó su influencia para que Fitzgerald pudiera presentarse en espacios donde antes no la dejaban entrar. Después de esas presentaciones, la propia Ella contaría que ya no tuvo que volver a tocar en clubes pequeños. Fue un antes y un después.

[Imagen: Getty images]
A partir de ahí, comenzó una carrera histórica. Su voz recorrió el mundo y redefinió el jazz, no solo por su calidad, sino por la libertad y la emoción con la que cantaba.
Sin duda, el talento de Ella Fitzgerald fue extraordinario, pero también lo fue su fortaleza para atravesar momentos muy difíciles sin rendirse, ya que transformó su juventud de grandes sufrimientos, en una voz que llegó al corazón de las personas de todo el mundo.








