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¡Cultivar la juventud! 7.Los poetas y la sociedad: palabras que cambian el mundo

¡Cultivar la juventud! 7.Los poetas y la sociedad: palabras que cambian el mundo

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Humanismo Soka

viernes, 13 de marzo de 2026

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A lo largo de la historia, los poetas no solo han escrito versos: también han ayudado a las sociedades a comprenderse a sí mismas. Desde los antiguos cantores de la épica hasta los escritores contemporáneos, la poesía ha sido una forma de nombrar el dolor, preservar la memoria y abrir horizontes de esperanza.

A lo largo de la historia, los poetas no solo han escrito versos: también han ayudado a las sociedades a comprenderse a sí mismas. Desde los antiguos cantores de la épica hasta los escritores contemporáneos, la poesía ha sido una forma de nombrar el dolor, preservar la memoria y abrir horizontes de esperanza.

A lo largo de la historia, los poetas no solo han escrito versos: también han ayudado a las sociedades a comprenderse a sí mismas. Desde los antiguos cantores de la épica hasta los escritores contemporáneos, la poesía ha sido una forma de nombrar el dolor, preservar la memoria y abrir horizontes de esperanza.

El poeta como servidor de la comunidad

En una época dominada por la velocidad de la información y por mensajes cada vez más breves, puede parecer que la poesía ocupa un lugar sin importancia en la vida social. Sin embargo, la historia cultural muestra lo contrario: cada comunidad ha encontrado en sus poetas una voz capaz de expresar lo que muchos sienten, pero aún no saben decir. La poesía no es solo una forma artística; también es una práctica que contribuye a la construcción del sentido colectivo, a la transmisión de valores y a la reflexión sobre la experiencia humana.

En las culturas antiguas, el poeta no era una figura aislada. Su función estaba profundamente ligada a la vida social. En la tradición épica griega, por ejemplo, el poeta era un cantor profesional que transmitía historias fundamentales para la comunidad. En la Odisea, se lo menciona junto a otros oficios esenciales —como el adivino, el médico o el carpintero— dentro del grupo de los demiurgos, término formado por dêmos (pueblo) y érgon (trabajo), que designa a quienes ejercen un saber especializado en beneficio de la sociedad.

Esta visión sugiere que la poesía no era considerada un lujo ni una actividad ornamental. El poeta cumplía una tarea concreta: preservar la memoria colectiva, transmitir ejemplos de conducta y mantener vivas las narraciones que daban identidad al grupo.

A lo largo de los siglos, esa función adoptó formas diversas, pero la idea central se mantuvo: aunque el poeta tiene una sensibilidad individual, sus palabras resuenan en la experiencia compartida de la comunidad.


Entre lo útil y lo bello

La reflexión sobre el papel social de la poesía también aparece en la tradición literaria latina. En la Ars poetica, el poeta romano Horacio formuló una idea que atravesó toda la historia de la literatura en el famoso verso: «Se lleva todos los aplausos quien sabe unir lo útil con lo agradable». [1]


Quinto Horacio Flaco​ (Venusia, 65 a. C. - Roma, 8 a. C.), conocido como Horacio, fue el principal poeta lírico y satírico en lengua latina.


Con esta afirmación, Horacio señala que el poeta alcanza su mayor eficacia cuando logra combinar dos dimensiones: el placer estético y la enseñanza. La poesía no se justifica únicamente por su belleza ni solamente por su contenido moral, sino por su capacidad de articular ambas cosas. Un poema puede conmover por su música y su imaginación, pero al mismo tiempo ofrecer una mirada nueva sobre la vida, la sociedad o los dilemas humanos.

Muchos escritores han reflexionado sobre esa responsabilidad. El narrador y ensayista argentino Abelardo Castillo sostenía que el trabajo del escritor implica una dimensión ética profunda. Al referirse al proceso de corrección literaria, afirmaba:

«En cuarenta años de literatura aprendí dos o tres cosas más, pero, por decirlo así, son de orden moral. Por ejemplo: corregir encarnizadamente un texto no es una tarea retórica o estilística, es un trabajo espiritual. Paul Valéry ya habló de la ética de la forma: corregir es una empresa espiritual de rectificación de uno mismo» [2]


Abelardo Castillo (Buenos Aires, 1935 - Buenos Aires, 2017), escritor y periodista cuya influencia se considera fundamental en la historia de la literatura nacional del siglo XX.


Desde esta perspectiva, escribir no es solamente producir textos: también implica un trabajo interior, una búsqueda de claridad y de verdad.


La palabra que transforma la experiencia

En la poesía contemporánea, esta dimensión social aparece muchas veces de forma explícita. El poeta argentino Alberto Vanasco, en su Arte poética, lleva esa exigencia al extremo cuando afirma que el valor del poema depende de su impacto en la vida de los otros. Este poema termina con los siguientes versos: 

«Si el poema no sirve para imponer al nombre de las cosas
otro nombre y a su silencio otro silencio,
si no sirve para hender el día
en dos mitades como otros dos días relucientes
y para decir a cada uno
lo que cada uno quiere o necesita
o no se ha dicho nunca a sí mismo.

Si el poema no sirve para que el amigo o la amiga
entren en él como en un amplio recinto
y se sienten a conversar largamente con un vaso
de vino en la mano
sobre las raíces del tiempo o el sabor del coraje
o de lo que tardan en llegar este año los fríos.

Si el poema no sirve para quitarle el sueño a un canalla
o ayudar a dormir al inocente,
si es inútil para el deseo y el asombro,
para la memoria o el olvido.

Si el poema no sirve para hacer del que escucha
un fanático
que el poeta se calle». [3]

La poesía aparece como una práctica verbal capaz de intervenir en la experiencia humana: nombrar lo que parecía innombrable, abrir preguntas, despertar conciencia o acompañar el dolor.

La poeta estadounidense Emily Dickinson expresó una idea similar desde una sensibilidad íntima y delicada. En uno de sus poemas más conocidos escribe:

«Si puedo evitar que un corazón se rompa,
no habré vivido en vano;
si puedo aliviar el dolor de una vida,
o calmar una pena,
o ayudar a un petirrojo desfallecido
a volver a su nido,
no habré vivido en vano». [4]

En estos versos aparece una convicción sencilla pero profunda: la palabra poética tiene sentido cuando logra acompañar la vida de los demás.


Emily Elizabeth Dickinson (Massachusetts,1830 - 1886), poeta estadounidense. Escribió: «Es audaz luchar a voz en cuello, // pero más gallardo me resulta // quien carga en su pecho // contra la Caballería del Pesar…». [5] Sobre estas palabras, el maestro Ikeda expresó: «Hay un gran crecimiento personal para el que triunfa en la lucha contra el pesar y el sufrimiento. En la contienda contra las dificultades que uno lleva a cabo en nombre de nuestra noble causa, se despliega una enorme revolución humana». [6]


La elevación de la vida a través de la palabra

A lo largo de la historia, los poetas han cumplido funciones diversas: guardianes de la memoria, críticos de su tiempo, exploradores del lenguaje y de la interioridad. Pero, en todos los casos, su tarea ha estado ligada a la búsqueda de una vida más plena y más consciente.

El maestro Daisaku Ikeda reflexiona sobre esta dimensión espiritual de la poesía con una imagen poderosa:

«Fue un poeta quien escaló por primera vez una montaña. Eso tiene un profundo significado. El poeta es un ser que aspira permanentemente a la elevación de su vida. Escalar significó para él “escalarse y elevarse a sí mismo”». [7]

En 1336, el excelso poeta humanista Francesco Petrarca narró en una célebre carta su ascensión al monte Ventoux. Durante la subida se detuvo a contemplar el paisaje desde lo alto y a examinar su propia vida a la luz de las palabras de San Agustín. La escena combina experiencia física, contemplación del mundo y reflexión interior, y muchos estudiosos la consideran un gesto temprano del espíritpu humanista.


Retrato de Francesco Petrarca. (Getty/Corbis/Leemage)


Tal vez esa imagen resuma bien la misión del poeta en la sociedad: alguien que asciende para mirar el mundo desde otra perspectiva y luego comparte esa mirada con los demás.

Porque, cuando las palabras logran despertar conciencia, esperanza y solidaridad, la poesía deja de ser solamente un género literario para convertirse en una fuerza capaz de transformar la realidad.



Referencias bibliográficas

[1] Quinto Horacio Flaco. Ars poetica

[2] Castillo, Abelardo (2010). Ser escritor. Buenos Aires: Seix Barral.

[3] Vanasco, Alberto (2001). Poesía reunida. Buenos Aires: Emecé.

[4] Dickinson, Emily (1960). The Complete Poems, edited by Thomas Johnson. New Delhi: Kalyani Publishers.

[5] Ib..

[6] Ikeda, Daisaku (2005). «El kosen-rufu mundial y los jóvenes», publicado el 17 de octubre de 2005 en el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai

[7] Ikeda, Daisaku (2025). «El siglo XXI está en el corazón de los jóvenes». Humanismo Soka, febrero de 2025, pág. 33.

© Humanismo Soka - 2024

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