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La inamovible convicción de construir un mundo de paz: 2 de abril | Aniversario del fallecimiento de Josei Toda

La inamovible convicción de construir un mundo de paz: 2 de abril | Aniversario del fallecimiento de Josei Toda

La inamovible convicción de construir un mundo de paz: 2 de abril | Aniversario del fallecimiento de Josei Toda

Humanismo Soka

jueves, 2 de abril de 2026

jueves, 2 de abril de 2026

Cada 2 de abril se conmemora el aniversario del fallecimiento de Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, educador para la paz que asumió la responsabilidad de transformar la sociedad a través de la propagación del budismo de Nichiren, y su legado sigue interpelando nuestro presente, sobre todo por la firmeza con la que se opuso a la guerra y denunció las armas nucleares como una negación radical de la humanidad. En Argentina, donde esta fecha también convoca a honrar a los caídos en la Guerra de Malvinas, el 2 de abril puede volverse una ocasión no solo para recordar, sino para renovar la decisión de jamás volver a permitir la guerra.

Cada 2 de abril se conmemora el aniversario del fallecimiento de Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, educador para la paz que asumió la responsabilidad de transformar la sociedad a través de la propagación del budismo de Nichiren, y su legado sigue interpelando nuestro presente, sobre todo por la firmeza con la que se opuso a la guerra y denunció las armas nucleares como una negación radical de la humanidad. En Argentina, donde esta fecha también convoca a honrar a los caídos en la Guerra de Malvinas, el 2 de abril puede volverse una ocasión no solo para recordar, sino para renovar la decisión de jamás volver a permitir la guerra.

Cada 2 de abril se conmemora el aniversario del fallecimiento de Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, educador para la paz que asumió la responsabilidad de transformar la sociedad a través de la propagación del budismo de Nichiren, y su legado sigue interpelando nuestro presente, sobre todo por la firmeza con la que se opuso a la guerra y denunció las armas nucleares como una negación radical de la humanidad. En Argentina, donde esta fecha también convoca a honrar a los caídos en la Guerra de Malvinas, el 2 de abril puede volverse una ocasión no solo para recordar, sino para renovar la decisión de jamás volver a permitir la guerra.

Josei Toda: maestro eterno de la gesta por la paz

«Su vida, en cierto sentido, fue una serie interminable de luchas extremas.

La felicidad y la alegría de los demás lo llenaban de gozo.

Se enorgullecía de ser una persona común, un hombre de gran fe.

Amaba al pueblo en todas las circunstancias.

Intentaba comprender el mundo interior de cada persona.

Era minucioso y siempre atento.

Era abierto, de gran corazón, libre y despreocupado.

Capacitaba a sus discípulos estrictamente.

Pero era capaz de dar la vida por ellos.

Fue un hombre de inmensa pasión.

Vivió siempre con genuina sabiduría y capacidad intelectual» [1].

Así describió el maestro Daisaku Ikeda a su mentor, Josei Toda. En esas palabras no solo se revela la condición humana de un gran maestro, sino también la profundidad de una vida enteramente dedicada a erradicar el sufrimiento del pueblo y al forjamiento de discípulos comprometidos con la construcción de la paz. Toda se enfrentó con valentía al militarismo del Japón de su tiempo: su oposición a la guerra alcanzó una expresión culminante en la histórica Declaración por la Abolición de las Armas Nucleares, pronunciada el 8 de septiembre de 1957. Allí, condenó el poder devastador de esas armas y expresó con una convicción inamovible que la paz no consiste simplemente en la ausencia de guerra, sino en una decisión firme de defender el derecho inviolable de toda persona a vivir. Cada 2 de abril, fecha de su fallecimiento en 1958, constituye una oportunidad para reafirmar esa decisión imprescindible.

Sustentado en la profundidad de las enseñanzas del budismo de Nichiren y bajo la guía de su mentor Tsunesaburo Makiguchi, Josei Toda dedicó su vida a promover una educación basada en el principio fundamental del potencial ilimitado del ser humano. Este principio, a su vez, es el punto de partida de una visión de la paz: no bastaba con denunciar la violencia en sus expresiones más extremas, era necesario forjar personas capaces de no ceder ante la deshumanización, el miedo o la indiferencia. Por eso, depositó su esperanza en la juventud y en la educación, entendidas no como simple transmisión de conocimientos, sino como el cultivo de la sabiduría, el coraje y el amor compasivo necesarios para proteger la dignidad de la vida propia y ajena.

El maestro Toda comprendió que la guerra no comienza recién cuando estallan las armas. Empieza antes, cuando se debilita el respeto por el otro, cuando se naturaliza el sufrimiento ajeno, cuando la fuerza se vuelve más importante que la humanidad. De allí que su lucha por la paz tuviera una dimensión profundamente práctica. No se trataba solo de oponerse a un conflicto o a un armamento determinado, sino de transformar la conciencia humana para que nunca más la violencia pudiera presentarse como algo legítimo o inevitable.


El joven Daisaku Ikeda junto a su maestro Josei Toda. 1958, semanas antes del fallecimiento de Toda.


Daisaku Ikeda, su discípulo directo y tercer presidente de la Soka Gakkai, heredó y desarrolló esa misión, haciendo de la paz, la cultura y la educación los pilares del movimiento Soka en todo el globo. Al observar el mundo actual, el juramento compartido entre maestro y discípulo de hacer de la paz una realidad, revela que esa misión sigue siendo vigente y necesaria. El legado de los maestros y discípulos que se oponen a la guerra y se consagran a la construcción de la paz se expresa cada vez que decidimos no resignarnos frente al odio, haciendo prevalecer el diálogo sobre la agresión, eligiendo actuar siempre en favor de la vida. Recordar al maestro Toda en esta fecha, entonces, no es solo para evocar su lucha y sus victorias: nos invita a preguntarnos qué tipo de seres humanos queremos ser y qué clase de sociedad estamos construyendo.


La injusticia de toda guerra

En Argentina, cada 2 de abril se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. La fecha remite al inicio del conflicto bélico de 1982, cuando el gobierno del régimen militar ordenó el desembarco argentino en las islas el 2 de abril. Entre los combatientes hubo oficiales y suboficiales, pero también numerosos soldados conscriptos, muchos de ellos muy jóvenes. Gran parte de esos soldados tenía entre 18 y 21 años, y muchos cumplían el servicio militar obligatorio al momento de ser enviados al conflicto [2].

La guerra se extendió durante 74 días y concluyó el 14 de junio con la rendición argentina. Durante el conflicto murieron 649 argentinos, además de las pérdidas sufridas por el Reino Unido, y quedaron abiertas heridas físicas, psíquicas y sociales que perduran mucho más allá del fin de los combates [3].

Precisamente por eso, esta fecha no convoca solo al homenaje, sino también a una reflexión profunda sobre la injusticia de la guerra. Aun cuando existan causas históricas, territoriales y políticas que deban ser abordadas con seriedad, la guerra siempre deja una marca de sufrimiento que ninguna retórica logra borrar. Daisaku Ikeda lo expresó con claridad en una de sus Propuestas de Paz: «Nada que pueda ganarse en una guerra llega a compensar jamás estas pérdidas» [4]. Esta convicción no desconoce la historia ni relativiza los conflictos; al contrario, recuerda que el precio humano de la guerra es siempre devastador y reafirma una verdad esencial: ninguna vida debería quedar a merced de esa lógica destructiva.


El juramento de no permitir la guerra

A la luz del legado de Josei Toda y recordando un nuevo aniversario del doloroso inicio de la Guerra de Malvinas, el 2 de abril puede ser una oportunidad para renovar nuestro compromiso con la construcción de la paz y el juramento de no volver a permitir la guerra. En este punto, este acontecimiento de nuestra historia y el legado de paz de Josei Toda se encuentran en una misma clave ética: la convicción de que ninguna causa puede resolverse a costa de la destrucción de la vida humana. Recordar lo ocurrido, honrar a los caídos y abrazar el dolor que dejó la guerra también puede impulsar una decisión presente: no dejar ningún espacio a la lógica de la violencia.

Esa tarea no puede reducirse al plano de las decisiones estatales ni a la resolución diplomática de los conflictos, por indispensables que sean. El maestro Ikeda insistió en que la paz duradera exige también una transformación más profunda: la de las ideas, los valores y las relaciones humanas que sostienen una sociedad. No porque la responsabilidad de las guerras recaiga en las personas de manera aislada, sino porque la organización de la violencia no se vuelve posible sin formas de deshumanización, indiferencia y desprecio por la vida que terminan arraigándose en la cultura. Desde esta perspectiva, esta fecha nos conduce a asumir una responsabilidad histórica y colectiva de forjar una sociedad en la que la dignidad humana no pueda ser subordinada a ninguna lógica de poder.

En ese sentido, el maestro Ikeda puso un énfasis decisivo en el diálogo, la educación y la no violencia como fundamentos de una cultura de paz. Afirmó que cada vez que elegimos el diálogo triunfan la paz y la humanidad, y sostuvo también que el verdadero espíritu de la práctica budista consiste en entablar «un proceso de diálogo profundo y considerado con los demás» con «el deseo de que todos logren la felicidad» [5]. Del mismo modo, llamó a promover una educación capaz de mostrar a las nuevas generaciones «la barbarie y la irracionalidad de la guerra» y de «arraigar la práctica de la no violencia en la sociedad» [6]. Lejos de proponer una salida ingenua o individualista, esta orientación señala una tarea civilizatoria concreta: cultivarnos como seres humanos que no reproduzcan la lógica de la violencia y construir comunidades, instituciones y vínculos sociales fundados en el respeto irrestricto por la vida.

Por eso, el 2 de abril puede ser una oportunidad singular para renovar ese compromiso. Reflexionar sobre la vida y el legado de paz de Josei Toda y honrar a los caídos en Malvinas puede impulsarnos a reafirmar una misma decisión: no aceptar jamás que la guerra sea considerada una respuesta legítima, y seguir construyendo, desde la educación, la cultura y el diálogo, las bases humanas de una paz duradera.




CITAS

[1] IKEDA, Daisaku: Sabiduría para ser feliz y crear la paz, Buenos Aires: Azul índigo, 2020, vol. 3, pág. 258.

[2] ARCHIVO NACIONAL DE LA MEMORIA: La guerra de Malvinas en Campo de Mayo, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, 2022.

[3] Ib.. 

[4] IKEDA, Daisaku: Propuesta de Paz 2016: El respeto universal a la dignidad humana: un gran camino hacia la paz | Sitio oficial de Daisaku Ikeda 

[5] IKEDA, Daisaku: «La fe de la revolución humana», entrevista realizada por la revista Tricycle de los Estados Unidos, publicada en el número de invierno de 2008.

[6] IKEDA, Daisaku: «El desafío de formar ciudadanos del mundo». Disertación pronunciada en la Universidad de Columbia, Nueva York, Estados Unidos, el 13 de junio de 1996.

© Humanismo Soka - 2024

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