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Avanzar en la fe sin retroceder jamás | Profundizando el budismo junto al maestro Ikeda

Avanzar en la fe sin retroceder jamás | Profundizando el budismo junto al maestro Ikeda

Avanzar en la fe sin retroceder jamás | Profundizando el budismo junto al maestro Ikeda

Humanismo Soka

martes, 13 de enero de 2026

martes, 13 de enero de 2026

En esta edición compartimos fragmentos de la disertación del maestro Ikeda sobre el escrito Las dos clases de fe de la serie «Aprendamos de los escritos de Nichiren Daishonin: las enseñanzas para lograr la victoria», publicado en la revista Humanismo Soka de diciembre de 2025.

En esta edición compartimos fragmentos de la disertación del maestro Ikeda sobre el escrito Las dos clases de fe de la serie «Aprendamos de los escritos de Nichiren Daishonin: las enseñanzas para lograr la victoria», publicado en la revista Humanismo Soka de diciembre de 2025.

En esta edición compartimos fragmentos de la disertación del maestro Ikeda sobre el escrito Las dos clases de fe de la serie «Aprendamos de los escritos de Nichiren Daishonin: las enseñanzas para lograr la victoria», publicado en la revista Humanismo Soka de diciembre de 2025.

La «fe como el fuego» versus la «fe como el agua» 

En el escrito Las dos clases de fe Nichiren Daishonin señala: «Hoy, hay personas que creen en el Sutra del loto. La fe de algunos es como el fuego, mientras que la de otros es como el agua. Cuando los primeros escuchan las enseñanzas, su pasión se enciende como el fuego, pero a medida que pasa el tiempo, tienden a abandonar la fe. Tener fe como el agua significa creer continuamente, sin retroceder jamás». [1]

Uno no puede lograr la Budeidad, aunque practique ávidamente durante un tiempo, si luego cede a la duda y se aparta del camino de la fe. A partir de aquí, el Daishonin analiza la fe que no retrocede ni vacila, ni siquiera en presencia de grandes obstáculos. 

La «fe como el fuego» corresponde a quienes, al escuchar las enseñanzas, se sienten movidos a esforzarse activamente en su práctica budista, así como el fuego arde con más brío cuando se le agregan leños, pero pierden el entusiasmo a medida que pasa el tiempo, exactamente de la misma manera que las llamas se apagan y, finalmente, se extinguen. Esa clase de fe no nace de la motivación interna, sino que es estimulada por influencias externas.

La «fe como el agua», corresponde a los que poseen un espíritu de búsqueda de motivación interna con respecto al Camino de la Budeidad. Estas personas siguen avanzando inquebrantablemente, firmes en su práctica budista, sin dejarse vencer por ninguna influencia externa. 

Aunque el «barco» de nuestra vida avance viento en popa, siempre debemos mantener la vista en el compás, asir el timón con valentía y estar muy atentos al rumbo. Constantemente debemos renovar nuestra determinación en la fe, desafiarnos y triunfar sobre cualquier obstáculo, para poder seguir creciendo y avanzando ilimitadamente. Esta es la clase de fe como el agua. 

Una sola gota de agua se convierte en un arroyo; luego en un gran río, y finalmente se vierte al gran océano. La fe como el agua denota una fe perseverante y continua, que fluye sin pausa y tiene el poder de superar todos los obstáculos que se interponen en su camino. 


Fortalecer nuestra fe día tras día y mes tras mes

El maestro Toda decía: «No sean jóvenes que se aíslan de los demás. Hablamos de tener fe como el agua. Pero el agua, en determinadas circunstancias y momentos, también entra en ebullición. Un joven revolucionario deja de crecer si solo sueña con una vida relajada y tranquila». 

En verdad, esa «fe como el agua en ebullición» puede ser lo ideal: una fe que arde con pasión pero a la vez es constante como el agua que fluye. 

El kosen-rufu es una lucha sin precedentes por transformar el karma de la humanidad. Debemos mantener toda la vida la ardiente pasión de dedicarnos a cumplir el gran juramento del kosen-rufu. De otro modo, sin esa pasión, la fe se debilitará y será destruida por las funciones destructivas que buscan frenar el avance de nuestra práctica budista.

La fe es una lucha constante contra las funciones negativas, que se libra a cada segundo. Espero que cada uno de ustedes triunfe sobre estos obstáculos y que, con espíritu de búsqueda insaciable, aspire a crecer y a mejorar un poco más cada día.

 

Las dificultades son oportunidades para transformar nuestro karma

Al final de la carta el Daishonin concluye: «Persevere en su fe con la firme convicción de que tanto el buda Shakyamuni como el Sutra del loto están libres de toda falsedad». [2] En otras palabras, subraya la importancia de depositar nuestra fe por entero en el Gohonzon [que corporifica Nam-myoho-renge-kyo, la esencia del Sutra del loto]. Cada dificultad que ocurre en el transcurso de nuestra práctica budista tiene un hondo significado. Cuando, tiempo después, volvamos a considerar los hechos, entenderemos el verdadero significado de todas las situaciones adversas, incluso las más difíciles de superar. Por ende, no hay ninguna necesidad de perder la compostura frente a las situaciones pasajeras. Así como no hay tormenta que dure eternamente, tampoco hay dificultad que no podamos revertir.


Escalar la senda siempre ascendente de la revolución humana

El kosen-rufu está avanzando en todo el mundo. El gran río del kosen-rufu ha comenzado a fluir majestuosamente en cada país. 

El logro de la paz mundial, que representa la esencia del kosen-rufu, es un noble ideal que ansía todo el género humano. Precisamente porque nuestra misión es tan grande, necesitamos avanzar todos los días con una fe como el agua que fluye, hasta cumplirla. 

Aunque nos abrumen las tormentas del karma, aunque tremendos obstáculos se abatan sobre nosotros, necesitamos perseverar de manera incansable en nuestra práctica budista cotidiana. Los que creen firmemente en la Ley Mística y se esfuerzan con denuedo en la fe, la práctica y el estudio –es decir, los que hacen el gongyo matutino y vespertino, asisten a las reuniones de diálogo y conversan con sus amigos sobre el budismo de Nichiren, estudian los escritos del Daishonin, forjan valores humanos y tantos otros desafíos– son campeones de la fe.

Nadie puede igualar a los que han escalado con persistencia el camino siempre ascendente de la revolución humana, de a un paso por vez, durante diez o veinte años. Su vida resplandece con la luz del noble esfuerzo que han hecho por cumplir su misión. No retroceder jamás es el máximo honor en el mundo de la fe. 

Los miembros de la SGI forjan valores humanos en el rico suelo del pueblo. Ayudan a otros a ser felices; alientan y apoyan a los demás. Muchos de esos miembros han luchado durante décadas y siguen dando lo mejor. Todos ellos son hombres y mujeres comunes que han tomado conciencia de su misión como Bodisatvas de la Tierra. Son verdaderos héroes de la humanidad y vencedores en la vida. 

Grabando en el corazón las palabras del Daishonin: «Tener fe como el agua significa creer continuamente, sin retroceder jamás», [3] procuremos lograr un significativo desarrollo dinámico, junto a nuestros amigos del mundo, para que el Daishonin pueda elogiarnos y decirnos: «Su fe merece compararse con el agua que fluye. ¡Y es digna del máximo respeto!». [4]


(Traducción del artículo publicado en la edición de octubre de 2014 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).



CITAS

1 Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, págs. 942-943.

2 Ib.

3 END, pág. 942.

4 Ib.



© Humanismo Soka - 2024

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