Humanismo Soka
Caravanas, intercambio comercial y espiritualidad: los caminos de la Ruta de la Seda
«Oro fervientemente para que, a lo largo de la Ruta de la Seda espiritual que fluirá en el nuevo siglo, surjan baluartes de paz como Dunhuang –dun (espléndido), huang (resplandeciente)–, que alentó el florecimiento de tan hermoso arte, en todas las tierras de forma ilimitada». [1]
Daisaku Ikeda
A lo largo de la Ruta de la Seda, esta región se transformó en una concurrida vía caravanera que conectaba Oriente y Occidente, favoreciendo no solo el intercambio comercial, sino también el encuentro cultural y espiritual entre pueblos distantes.
El sitio era considerado un verdadero «oasis» en medio del desierto, ya que se encontraba vinculado a una de las gargantas del río Amarillo. Esta ubicación estratégica lo convirtió en un punto de atracción para comerciantes, viajeros y peregrinos, quienes se detenían allí para abastecerse de recursos y, al mismo tiempo, hallar un espacio propicio para la reflexión y la meditación.
En el año 366, durante el período de los Dieciséis Reinos (304-439 d. C.), un monje budista llamado Yuezun vivió una experiencia decisiva mientras atravesaba la montaña: observó una luz dorada que le dio la impresión de contemplar mil budas. Impulsado por esa visión, excavó una pequeña celda destinada a la meditación. Siguiendo su ejemplo, entre los siglos IV y XIV d. C., numerosos monjes continuaron excavando grutas en aquel risco. Con el tiempo, se conformó un conjunto de casi 800 cuevas, que fueron embellecidas con esculturas, murales, textiles y diversos artefactos.
A comienzos del siglo XI, un extraordinario archivo compuesto por más de 50.000 documentos, cientos de pinturas y numerosos objetos fue ocultado tras el sellado de una de las cuevas, detrás de una pintura mural. De este modo, el tesoro permaneció resguardado durante cientos de años.
Recién a principios del siglo XIX, un monje taoísta descubrió estas pinturas y se autoproclamó guardián de las grutas. Posteriormente, en 1879, comenzaron las investigaciones occidentales en el sitio y, en 1907, el explorador y arqueólogo británico Marc Aurel Stein inició un exhaustivo trabajo de exploración en Mogao. Durante estas excavaciones se hallaron textos en sánscrito y tibetano, además de una gran cantidad de pinturas realizadas sobre papel y seda.
La accesibilidad de esta ruta y su cercanía a un curso de agua propiciaron, a lo largo de los siglos, el asentamiento de poblaciones de diversos orígenes y tradiciones culturales, entre ellas la sánscrita, tibetana, uigur, india y persa. Todas compartían un mismo objetivo: la meditación y la búsqueda de una vida serena y espiritual.
Con el paso del tiempo, en torno a las grutas se consolidó el mayor tesoro búdico del mundo. Miles de mercaderes pudieron contemplarlo y admirarlo mientras realizaban intercambios comerciales en las posadas de Dunhuang, un punto geográfico ineludible en las caravanas de la Ruta de la Seda que unían las llanuras de la China oriental con las regiones de Uzbekistán y Kazajistán en Asia central, y viceversa.

Ubicación geográfica de las Cuevas de Mogao
El arte del Sutra del loto en las Cuevas de Mogao
Estas impresionantes cuevas fueron intervenidas a lo largo de un extenso período, desde el siglo IV hasta el XIV, lo que explica la evolución y diversidad de estilos artísticos que pueden observarse en su interior.
En una primera etapa predominan las pinturas de estilo indo y occidental. Más adelante, durante la dinastía Tang (618-906 d. C.), se evidencian claros rasgos de la pintura china de corte imperial. Finalmente, a partir del siglo X d. C., el aislamiento de la localidad de Dunhuang dio lugar a la producción de obras de carácter local, con estilos singulares y distintivos.
En distintos períodos se realizaron representaciones del Sutra del loto, cuya fama se extendió por toda Asia a medida que los viajeros quedaban impactados por la majestuosidad de los murales, manuscritos y esculturas de Dunhuang. En una pintura perteneciente al período de las Cinco Dinastías, correspondiente a la primera mitad del siglo X, se representan veintidós de los veintiocho capítulos del Sutra del loto.

Veintidós de los 28 capítulos del Sutra del loto están representados en esta pintura, del período de las Cinco Dinastías (primera mitad del siglo X).
Las representaciones del Sutra del loto se encuentran distribuidas en diversas cuevas de Mogao. En una de ellas, sobre el nicho del muro oeste, puede observarse una escena del Sutra del loto correspondiente a la dinastía Sui. En su estilo artístico predominan patrones decorativos propios de las regiones occidentales, como el motivo de cuentas circulares en los atuendos de los bodisatvas, el diseño de los tres conejos en el centro del artesonado, así como los anillos entrelazados, la madreselva y el motivo del león en los bordes del techo. Aunque estos elementos no constituyen el tema central de la cueva, aportan un notable impacto visual que realza su majestuosidad.
Otro relato señala que en la cueva 259 se encuentra una representación del Sutra del loto en la que el buda Shakyamuni aparece sentado junto al buda Prabhutaratana. Esta imagen responde a un motivo popular del budismo chino, frecuente también en pinturas murales, bronces y esculturas de piedra, y simboliza la presencia de numerosos budas en todos los lugares.
El maestro Ikeda y la promoción de la conservación del patrimonio de Dunhuang
En 1980, Daisaku Ikeda visitó China y mantuvo conversaciones con Chang Shuhong, quien se desempeñaba entonces como director de la Academia de Dunhuang. Durante ese encuentro dialogaron sobre la Ruta de la Seda, la cultura budista y el arte de las grutas de Mogao. El maestro Ikeda manifestó una profunda curiosidad por el arte de las cuevas y destacó especialmente la labor del director Chang en su conservación. De esas conversaciones surgieron coincidencias en torno a valores compartidos, como la prosperidad de la humanidad, la paz mundial y la responsabilidad del budismo frente a la sociedad.
Ikeda expresó: «Dunhuang, enraizada en el budismo, era una fortaleza de la cultura, una fortaleza de la paz, creada, disfrutada y protegida por el pueblo». [2]

Encuentro del presidente Ikeda con el director de la academia de Dunhuang, Chang Shuhong.
Más tarde, en octubre de 1985, el maestro Ikeda, con el apoyo de otros integrantes de la Academia de Dunhuang, inauguró el museo con la exposición Tesoros de Dunhuang, China. En ella se exhibieron ciento trece objetos, entre los que se incluían treinta y seis manuscritos del Sutra del loto de la Ley prodigiosa hallados en la cueva n.° 17 de Mogao. Asimismo, se presentaron veintiuna copias de murales de las grutas que representaban escenas del Sutra del loto, junto con cincuenta y seis reliquias encontradas en la región de Dunhuang.
Esta destacada muestra tuvo una gran repercusión y desempeñó un papel fundamental en el intercambio cultural entre China y Japón. Además, el maestro Ikeda solicitó en reiteradas ocasiones la donación de vehículos y equipos de investigación, colaborando de manera directa con los esfuerzos de preservación e investigación del sitio.
Con el paso de los años, continuaron realizándose encuentros entre el maestro Ikeda y la Academia de Dunhuang, sosteniendo durante más de cuarenta años el apoyo a la preservación y difusión de este valioso patrimonio histórico. La incansable labor del maestro Ikeda se convirtió en una fuente de inspiración para los investigadores de la academia, no solo por su profundo conocimiento de la cultura budista y su compromiso con el patrimonio de la humanidad, sino también por su lucha por la paz. Su ejemplo los impulsó a redoblar esfuerzos en la conservación científica, los estudios académicos y la promoción permanente del intercambio y la coexistencia cultural, así como en el avance de la construcción de la paz para toda la humanidad.
La dedicación del maestro Ikeda al cuidado y la recuperación del patrimonio histórico invita a reflexionar sobre la importancia de preservar los registros materiales de las sociedades que transitaron las tierras del pasado, con el fin de profundizar en su historia, difundir sus conocimientos y ofrecer a las comunidades actuales vínculos vivos con quienes habitaron antiguamente esas regiones.
«Estoy convencido de que Dunhuang, como conglomerado cultural de la Ruta de la Seda, en la que interactuaron diversos pueblos y etnias, brillará aún más que antes, y su arte y estética conmoverá los corazones de todos nuestros contemporáneos. Dunhuang, como exuberante oasis de espiritualidad humana, seguirá animándonos desde lo más profundo de nuestro ser con su llamada universal a la paz, la coexistencia y el humanismo». [3]
CITAS
[1] CHANG, Shuhong e IKEDA, Daisaku: The Radiance of Dunghuang: On Beauty and Life (El resplandor de Dunhuang), Tokio: Tokuma Shoten, 1990.
[2] IKEDA, Daisaku y WENJIE, Duan: Conversación entre el presidente honorario y Duan Wenjie, director de la Academia de Dunhuang, publicado el 12 de diciembre de 1990 en el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai.
[3] Ikeda, Daisaku: Mensaje, The Journal of Oriental Studies (Revista de Estudios Orientales), vol. 29, agosto de 2019, pág. 7.
Fuentes:
https://www.catedrachina.com/single-post/las-cuevas-de-mogao-pasado-presente-y-futuro
https://www.dunhuang.ds.lib.uw.edu/mogao-cave-420-sui-dynasty/
https://espanol.buddhistdoor.net/diario-de-viaje-explorando-la-tierra-de-los-ancestros-budistas-iii/
https://whc.unesco.org/en/list/440/
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/cuevas-mogao-joya-budista-china_9029
https://www.catedrachina.com/single-post/las-cuevas-de-mogao-pasado-presente-y-futuro
https://smarthistory.org/mogao-caves-at-dunhuang/
https://www.daisakuikeda.org/es/sub/tribute/remembrances/zhao-shengliang-tribute.html#sdendnote3anc









