
Humanismo Soka
Momento teórico:
La palabra «karma» viene del vocablo sánscrito «karman» que significa «acción».
Esta «acción» incluye los hechos físicos, las palabras y los pensamientos que a cada instante estamos realizando.
Nuestros pensamientos, es decir, lo que albergamos profundamente en nuestro corazón, también tiene una importancia fundamental.
Al karma se lo puede considerar como el núcleo de nuestra personalidad, y, a su vez, no es algo estático sino que continuamente lo estamos moldeando, lo que lo hace absolutamente propio y único.
Tiene relación directa con la ley de causa y efecto que explica que cada «acción» es una causa que graba simultáneamente un efecto latente que en algún momento se manifiesta. Esta ley es inexorable, por lo que todo depende de nosotros: tanto la causa como la solución está en nosotros mismos.
Cambiar el karma significa cambiar ahora mismo nuestra vida, lo que pensamos, decimos y hacemos.
Del «por qué» al «para qué»
Como seres humanos, desconocemos qué nos depara el futuro, y es imposible escrutar las causas que hicimos desde el infinito pasado que llevaron a la existencia actual (desde el punto de vista del budismo, la vida es eterna y muchas de las causas que hicieron que vivamos como vivimos, que hayamos nacido donde nacimos y que seamos como seamos, tienen que ver con el karma que acumulamos en aquellas existencias anteriores. Sin embargo, estas causas no definen en sí nuestra felicidad o desgracia, sino que a través de la práctica budista podemos iluminar positivamente incluso aquellas causas de existencias anteriores). No se puede vivir sin sufrir, no existe ningún ser humano que no enfrente tarde o temprano un sufrimiento. Hay cuatro sufrimientos que el budismo explica que son inevitables: el nacimiento, la enfermedad, envejecer y morir. Entonces, ¿para qué practicamos? ¿Para qué sirve el karma?
El maestro Ikeda expresó: «Es cierto que superar la enfermedad es un beneficio de la fe. También lo es triunfar en los negocios. Pero estos son, en realidad, logros menores. El máximo beneficio de la fe es que forjamos un yo que ningún sufrimiento puede derrotar y establecemos un estado de vida óptimo, capaz de permanecer imperturbable, incluso, en las peores circunstancias» [1] A su vez, el segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, decía: «El sufrimiento es parte de la vida. Sin sufrir, no podríamos disfrutar de la verdadera alegría. Cuando realmente entendemos este punto, la vida en sí se torna un motivo de alegría. Este es el propósito fundamental de la práctica budista». [2]
Cuando enfrentamos nuestro karma desde la fe, nos volvemos personas más fuertes y más sabias, y desplegamos una magnífica capacidad para resolver cada problema con creatividad y sabiduría. El karma nos da la posibilidad de aprender a ser felices incluso cuando enfrentamos adversidades, y esta fortaleza a su vez nos permite alentar profundamente a los demás. Convirtiendo el «veneno en medicina», hacemos del karma nuestra misión personal y nuestro máximo orgullo. Mientras nos desafiamos en las actividades, hacemos daimoku y perseveramos ante cada obstáculo, nuestra vida se enriquece y nuestro corazón se agranda. Nuestro karma se convierte en un tesoro para nuestra vida.
Desde la perspectiva budista, cuanto más difíciles sean los obstáculos que superemos, más drásticamente podremos transformar nuestro karma, crecer y mejorar como seres humanos. La práctica y las actividades de la Soka Gakkai nos dan la posibilidad de transformar el karma y acumular infinita buena fortuna.
¿Cómo que lo elegí?
El ambiente en el que vivimos y nuestras circunstancias actuales forman parte intrínseca de nuestro karma, ya que son el escenario de la revolución humana. Desde el punto de vista del budismo, los bodisatvas de la Tierra adoptan voluntariamente sus circunstancias kármicas y eligen enfrentar sus sufrimientos con el fin de guiar a otras personas hacia la iluminación.
Al principio se lo llama «adoptar voluntariamente el karma adecuado», y consiste en la idea de convertir el karma en misión.
Podemos superar nuestras actuales situaciones, por muy complejas y difíciles que sean, ya que son el resultado de un juramento que nosotros mismos hicimos. Son el medio para adquirir mayor convicción en nuestras creencias y transmitir a otros la alegría de enfrentar obstáculos. Si no tuviésemos esta oportunidad, no podríamos entender el sufrimiento de los demás.
El budismo es una filosofía que nos invita a reflexionar sinceramente sobre nuestras acciones y disponernos a transformar aquellos aspectos de nuestra propia vida sobre los que necesitamos triunfar para construir una felicidad genuina. La forma de extraer la fuerza vital y sabiduría necesarias es a través de la invocación de Nam-myoho-renge-kyo. Tal como cuando sale el sol las estrellas dejan de ser visibles, cuando oramos irrumpe en nuestra vida el sol de la budeidad y dejamos de sufrir los efectos negativos de nuestro karma.
Un ejemplo de victoria contra el karma
Para compartir un ejemplo, en La nueva revolución humana el maestro Ikeda cuenta la historia de Yoshizo Tsuchihata [3]. Nacido en una familia de campesinos, con apenas diez meses de edad falleció su padre. Desde niño se esforzó en trabajar para ayudar a su madre y hermanos. Ya siendo mayor, se casó, y fluctuando de un trabajo a otro no lograba prosperar en su economía. Inmerso en la crisis económica en que se encontraba el Japón de posguerra y tras el fracaso en sus negocios, se dejó consumir por la bebida. Esto lo llevó a reiteradas discusiones con su esposa. Aunque tenía la intención de dejar este hábito, se le hacía muy difícil. En ese contexto, un pariente le compartió la práctica, y a pesar de la desconfianza en un principio, él y su mujer decidieron ingresar a la Soka Gakkai.
Al poco tiempo de comenzar la práctica, Yoshizo, acostumbrado a beber, tomó un vaso de alcohol, pero su sabor lo sintió distinto, amargo y desagradable. Con los días, abandonó por completo la bebida; junto a su mujer lo consideraron un beneficio de la fé. Comenzaron a sentir a partir de la práctica una gran energía y júbilo de vivir.
A pesar de esta gran prueba real, continuaron las complicaciones en el negocio y las deudas aumentaban. Con frecuencia, los acreedores se presentaban en su casa y le desconectaban la línea telefónica por falta de pago. A pesar de esto, su determinación de llevar a cabo el kosen-rufu, de ser felices y hacer de su lugar una tierra de buena fortuna, les dió la fortaleza para transformar su karma. Con el tiempo, su negocio de carga floreció y se afianzó su estabilidad financiera. Cuando se jubiló, su hijo continuó el negocio y siguió trabajando animadamente por el kosen-rufu de su lugar.
Un aliento del maestro Ikeda para cerrar
«Abrazar la fe en el budismo de Nichiren no significa que nuestros sufrimientos y problemas desaparecerán. El punto es si podemos superar la adversidad con confianza y compostura, en vez de ser vencidos por ella. Esto es lo que decide el triunfo o la derrota, la felicidad o la desdicha en la vida.
Nuestra grandeza y resistencia como seres humanos no están relacionadas con la posición o el nivel social. Un verdadero campeón es el que, más allá de las circunstancias penosas o del mal devenir de las cosas, sigue avanzando con coraje y esperanza, sin abandonar.
La fe es la fuente de la fuerza que nos permite abrirnos paso a través de nuestro destino y transformarlo, sin importar cuán duras sean las dificultades o cuán fieramente soplen las tormentas del karma. Y para eso está el Gohonzon. Espero que todos ustedes continúen abrazando la fe en el Gohonzon, pase lo que pase, sin apartarse jamás de la Soka Gakkai, y que sigan realizando la práctica a lo largo de toda la vida. Si lo hacen, experimentan beneficios maravillosos. Se convertirán en personas a las que nada puede derrotar y lograrán una felicidad indestructible». [4]
CITAS
[1] IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, Buenos Aires: Azul índigo, 2017, vol. 13, pág. 250.
[3] IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, Buenos Aires: Azul índigo, 2018 , vol. 12, pág. 119.
[4] Ib., pág. 123.








