
Humanismo Soka
La vida como el fluir de las olas
¿Qué ocurre después de la muerte? No hay nadie que pueda afirmar una respuesta con seguridad a esa incógnita. Sin embargo, el budismo ofrece una perspectiva: propone que la vida es eterna, es decir, que no tiene un comienzo ni termina con la muerte. La vida y la muerte son dos fases inseparables, tal como dormir y estar despierto. Si lo pensamos como el ejemplo de una persona que se acuesta a dormir (muerte) y luego despierta (vida), es lógico creer que cuando uno se despierta va a continuar con ciertos aspectos que ocurrían antes de caer en el sueño. En este sentido, lo que continúa en el paso de existencia tras existencia es el karma. Del mismo modo, ya que las circunstancias de nuestra vida actual son el efecto de nuestras acciones pasadas, nuestro futuro estará determinado por nuestras acciones del presente. La influencia de estas acciones se trasladan de una existencia a la otra y trasciende la vida y la muerte.
Tal como se estudió en el material sobre el karma [1], es posible transformar nuestra energía kármica negativa mediante la acumulación de buenas causas. Pero, en realidad, esta forma de enfrentarlo no es muy práctica, ya que tarde o temprano terminaremos haciendo algo que borre las buenas causas acumuladas, además de que tomaría un tiempo incalculablemente largo. Por otro lado, no tenemos forma de saber las causas negativas que realizamos en existencias anteriores.
Es por eso que el Sutra del loto enseña a «activar» la conciencia esencial que yace en lo más recóndito de nuestro ser. Ésta es una dimensión libre de impurezas, donde se transforma rápidamente la energía kármica positiva y negativa en una energía de supremo bien. Cuando activamos esta conciencia esencial, la energía kármica positiva y negativa se encauzan a la creación de valor. Entonces, la vida después de la muerte significa que la corriente vital del karma (en estado de «no sustancialidad») se fusiona con la vida del universo en su totalidad, como el fluir del mar cuyas olas avanzan y retroceden. Aunque no se vea, por debajo de la superficie, está esa esencia eterna que permanece inmutable frente a los cambios. El budismo de Nichiren esclarece que lo que permanece inmutable en la eternidad de la vida es Nam-myoho-renge-kyo.
Budas desde el tiempo sin comienzo
El budismo de Nichiren Daishonin está basado en la enseñanza del Sutra del loto. En este sutra, el Buda Shakyamuni se diferenció por completo de todo lo expuesto anteriormente. Por primera vez, explicó que él no había logrado la Budeidad en esa existencia, mediante las meditaciones que realizó, sino que era un Buda desde el tiempo sin comienzo. Enseñó que cada uno de nosotros somos, también, budas.
Nichiren Daishonin, el Buda del Último Día de la Ley (es decir, de esta época actual en la que prevalecen los sufrimientos y las impurezas), dilucidó la esencia del Sutra del loto que es Nam-myoho-renge-kyo, la Ley universal de la vida, y, a su vez, su entonación como la práctica para manifestar esa Budeidad intrínseca. Este punto es crucial para entender que no realizamos la práctica para llegar a alcanzar cierto grado de entendimiento superior, o para que desde el exterior nos aparezcan las respuestas. En cambio, esta fe nos permite revelar nuestra Budeidad inherente desde el pasado remoto y manifestar en nuestras circunstancias actuales el coraje, la sabiduría, la valentía y la alegría que poseemos irrevocablemente en nuestro interior.
Tal como afirma el Daishonin: «aunque uno apuntara a la tierra y errase, o pudiera liar el firmamento; aunque la marea dejara de subir y bajar, o el sol saliera por el Poniente; jamás podría ocurrir que las oraciones del practicante del Sutra del loto quedaran sin respuesta». [2] A su vez, exhorta que para manifestar la Budeidad se debe tener coraje, fortalecer la fe y entonar Nam-myoho-renge-kyo hasta el último momento de nuestra vida. Aunque parezca dificil de comprender, lo que determina el triunfo en nuestra vida y para toda la eternidad es «este instante».
El infinito potencial de este momento
«Si queréis comprender las causas que existieron en el pasado, mirad los resultados que se manifiestan en el presente. Y si queréis conocer los resultados que se manifestarán en el futuro, mirad las causas que existen en el presente». [3] En esta frase de un sutra, se integra pasado, presente y futuro, y lo que los une es el presente. Este es el momento crucial que define nuestra existencia. Lo que hagamos en el instante actual tiene el poder de modificar nuestro pasado, ya que si tenemos un presente brillante le otorga ese profundo sentido los sucesos pasados, que de alguna manera nos llevaron hasta donde estamos. Del mismo modo, un presente de felicidad es la causa para un futuro de felicidad.
El budismo de Nichiren recalca que más allá de lo que haya sucedido en el pasado, todos tenemos en este momento el potencial de la Budeidad. Si cometimos algún error del cual nos arrepentimos, tenemos la oportunidad de tomar una una renovada decisión. Por ejemplo, podemos comenzar por disculparnos sinceramente y determinar jamás volver a cometer la misma equivocación. De la misma forma, aunque hayamos llevado una existencia de la cual nos enorgullezcamos, si no continuamos alentando a las personas a nuestro alrededor o si perdemos la esperanza frente a alguna dificultad que se nos presente, finalmente seremos vencidos.
Conclusión: «mil budas nos darán la bienvenida con los brazos abiertos»
El maestro Ikeda explica lo que sucede en el momento de la muerte a quienes han practicado esta fe de la siguiente manera: «Con respecto a aquel que se arme de fe y entona Nam-myoho-renge-kyo con la profunda conciencia de que ése es el último momento de su vida, el sutra proclama: “Cuando la vida de estas personas concluya, un millar de budas extenderán sus manos para recibirlos, librarlos de todo temor e impedir que caigan en los malos caminos de la existencia”. ¡Cómo contener las lágrimas ante la dicha indescriptible de saber que no sólo uno o dos, no sólo cien o doscientos, sino nada menos que mil budas nos darán la bienvenida con los brazos abiertos!. Frases como “mil budas” o “Shakyamuni, Muchos Tesoros y los budas de las diez direcciones”, en realidad, se refieren a la Budeidad inherente a nuestra vida, y al universo en sí. Nichiren dice que las personas que creen en Nam-myoho-renge-kyo y lo practican disfrutarán de paz y serenidad, incluso en la muerte, porque han armonizado con la naturaleza de Buda universal que impregna la vida y el gigantesco universo, en el nivel más profundo». [4]
CITAS
[2] Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 364.
[3] END, pág. 295.
[4] IKEDA, Daisaku, Develando los misterios del nacimiento y de la muerte, Buenos Aires: Azul Índigo, 2022, pág 105.








