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Glaciares y su impacto en el ecosistema | Reflexiones sobre el cuidado del ambiente

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Humanismo Soka

jueves, 19 de marzo de 2026

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¿Te imaginás la vida sin glaciares? Si lo pensamos un momento, tal vez la respuesta sea «sí». No es algo que veamos todos los días. De hecho, muchas personas nunca han visto un glaciar en su vida. En medio de nuestras rutinas, trabajando, compartiendo una pizza con amigos, «scrolleando» en redes, mirando un partido o comiendo un helado… ¿quién está pensando en los glaciares? Pero… ¿qué pasaría si te enteraras de que tu vida cotidiana está siendo sostenida por ellos? Y más aún: que de ellos depende, en gran medida, nuestro futuro.

¿Te imaginás la vida sin glaciares? Si lo pensamos un momento, tal vez la respuesta sea «sí». No es algo que veamos todos los días. De hecho, muchas personas nunca han visto un glaciar en su vida. En medio de nuestras rutinas, trabajando, compartiendo una pizza con amigos, «scrolleando» en redes, mirando un partido o comiendo un helado… ¿quién está pensando en los glaciares? Pero… ¿qué pasaría si te enteraras de que tu vida cotidiana está siendo sostenida por ellos? Y más aún: que de ellos depende, en gran medida, nuestro futuro.

¿Te imaginás la vida sin glaciares? Si lo pensamos un momento, tal vez la respuesta sea «sí». No es algo que veamos todos los días. De hecho, muchas personas nunca han visto un glaciar en su vida. En medio de nuestras rutinas, trabajando, compartiendo una pizza con amigos, «scrolleando» en redes, mirando un partido o comiendo un helado… ¿quién está pensando en los glaciares? Pero… ¿qué pasaría si te enteraras de que tu vida cotidiana está siendo sostenida por ellos? Y más aún: que de ellos depende, en gran medida, nuestro futuro.

Impactante, ¿no?

Aunque el planeta está cubierto en un 70% por agua, solo el 2,5% es agua dulce. Y de esa pequeña fracción, cerca del 70% se encuentra congelada en glaciares, casquetes polares y nieves permanentes. Es decir, son una de las principales reservas de agua dulce del mundo.

En la gran cordillera de los Andes, compartida por Argentina y Chile, se encuentra la séptima mayor extensión de glaciares del planeta, con aproximadamente 29.429 km²: una superficie tan vasta que equivale a más de 4 millones de canchas de fútbol cubiertas de hielo. Pero en Argentina, estos gigantes no son solo paisaje: están presentes en 12 provincias y alimentan 36 cuencas hídricas que abastecen a más de 1.800 localidades, sosteniendo silenciosamente la vida de millones de personas.

En total, cerca de 7 millones de personas (alrededor del 18% de la población del país) dependen directa o indirectamente de ellos para acceder al agua.

Si observamos un mapa, esto se vuelve aún más claro: en un color oscuro aparecen los glaciares y ambientes periglaciares, pero en tonos más claros se despliegan todas las cuencas que dependen de ellos. Es una red silenciosa, invisible para muchos, pero absolutamente vital.


[Fuente imagen: Informe «La importancia de los glaciares para la biodiversidad argentina y los potenciales riesgos de su desprotección». Fundación Vida Silvestre Argentina.] 

Hoy, estos gigantes atraviesan uno de los momentos más críticos de su historia. En términos simples, los glaciares están perdiendo masa: se derriten más rápido de lo que pueden regenerarse, reduciendo su tamaño año tras año.

Según la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, en cinco de los últimos seis años se ha registrado la mayor pérdida de hielo jamás observada, incluso en aquellos que alguna vez fueron considerados «hielos eternos».

Glaciares emblemáticos como el Perito Moreno, durante décadas símbolo de estabilidad, han comenzado a mostrar signos de este proceso, evidenciando un cambio preocupante en su comportamiento (Tamburini Beliveau & Reato, 2023).


Retroceso del Glaciar Perito Moreno en tan solo un mes. [Imagen: Monitoreo de Administración de Parques Nacionales y Glaciarium].


Frente a este escenario, organismos internacionales han declarado el pasado 2025 como el «Año Internacional de la Preservación de los Glaciares», en un intento por alertar al mundo sobre la gravedad de la situación.

Las proyecciones son claras: en muchas regiones, los glaciares podrían desaparecer antes de que termine este siglo. Su derretimiento no solo contribuye al aumento del nivel del mar, sino que también compromete el acceso al agua de cientos de millones de personas.

Pero, no solo almacenan agua. Los ambientes glaciares y periglaciares cumplen funciones ecológicas esenciales: regulan el agua a lo largo del año, sostienen humedales de montaña y permiten la existencia de comunidades biológicas altamente especializadas, adaptadas a condiciones extremas.

En regiones como el noroeste argentino, donde el agua es escasa, pequeñas variaciones en estos sistemas pueden generar grandes impactos en los ecosistemas y en la vida de las personas.

En este contexto, el ambiente periglaciar, ese entorno que rodea y protege a los glaciares,  cobra un valor estratégico fundamental. Su conservación no es un detalle técnico: es una condición clave para que estas reservas de agua puedan resistir los efectos del cambio climático.

Los glaciares tampoco están solos. A su alrededor existe un mundo vivo, silencioso y frágil, que depende de ellos para sobrevivir. En estos ambientes extremos, donde el frío, el viento y la escasez de agua parecen dominarlo todo, la vida se abre camino de formas sorprendentes.

La vegetación es baja, compacta, casi pegada al suelo. Plantas que crecen en forma de «cojín», como la llareta, resisten las condiciones más duras reteniendo humedad y protegiéndose del viento. Pastos, musgos y líquenes colonizan lentamente los suelos que deja el hielo al retirarse, dando inicio a nuevos ecosistemas.


Yareta (Azorella compacta); planta medicinal del ambiente periglaciar de la Puna.


Donde hay agua de deshielo, hay vida. Arroyos y lagunas de origen glaciar sostienen peces, anfibios y una enorme diversidad de microorganismos invisibles pero fundamentales. En las alturas, especies como el cóndor andino sobrevuelan estos paisajes, mientras que mamíferos como el puma, el guanaco o la esquiva chinchilla encuentran refugio en estos ambientes.


Huemul (Hippocamelus bisulcus); Puma (Puma concolor).


Algunas especies como el huemul, uno de los ciervos más amenazados de Argentina, dependen de estos ecosistemas para sobrevivir. Incluso aves únicas y altamente especializadas, como el macá tobiano o el pato de torrente, dependen de lagunas, ríos y humedales que existen gracias al agua que liberan los glaciares.

Proteger los glaciares y sus entornos no es solo una cuestión ambiental. Es una de las formas más concretas de garantizar agua para las personas, sostener los sistemas productivos y preservar la biodiversidad.

En un mundo donde muchas veces nos percibimos desconectados, los glaciares nos recuerdan una verdad esencial: todo está profundamente interrelacionado. El agua que fluye de ellos, la vida que sostienen y las personas que dependen de su existencia forman parte de un mismo entramado.

El budismo enseña que el vínculo del ser humano con la naturaleza no es de oposición, sino de interdependencia mutua. Este principio se expresa en el concepto de esho-funi, que describe la inseparabilidad entre la vida y su ambiente. Todos los fenómenos están contenidos en nuestra propia vida, hasta la más minúscula partícula de polvo. Cuanto más firme sea la convicción de que nuestras acciones son las que hacen la diferencia, más grande será la transformación que podemos lograr.

En este sentido, el maestro Ikeda señala: «Lo importante es tener la determinación y el espíritu de transformar y mejorar el ambiente donde estamos, así sea un poco. En especial, los practicantes del budismo de Nichiren que nos esforzamos seriamente en la fe no podemos dejar de transformar dinámicamente nuestra existencia. Sin falta gozaremos de felicidad y de una vida próspera; es un principio invariable del budismo».

Nuestra actitud lo cambia todo. Cuando se pone en marcha la fuerza de nuestra determinación profunda, comienzan a moverse los engranajes de los fenómenos y todo empieza a cambiar. La vida se orienta en una dirección positiva y luminosa y, desde ese estado interior, podemos generar no solo nuestra propia felicidad, sino también esperanza en quienes nos rodean y en el lugar que habitamos.

Tal vez entonces sí podamos comprender que la vida que hoy tenemos —tomar un helado, gozar de buena salud, compartir con amigos, disfrutar de un partido— está profundamente ligada a los glaciares.



Referencias: 

  • Fundación Vida Silvestre Argentina. (2026). La importancia de los glaciares para la biodiversidad argentina y los potenciales riesgos de su desprotección. https://wwfar.awsassets.panda.org/downloads/informe-ley-de-glaciares-y-biodiversidad.pdf

  • Naciones Unidas. (s.f.). Año Internacional de la Conservación de los Glaciares 2025. Naciones Unidas. https://www.un-glaciers.org/es

  • Naciones Unidas. (2025, enero). El fin de los hielos eternos: Muchos glaciares retroceden en un proceso irreversible. Noticias ONU.

  • Tamburini Beliveau, G., & Reato, A. (2023). Comunicado: Brusco retroceso del glaciar Perito Moreno en el periodo 2018 (2022)–2023. ResearchGate.

© Humanismo Soka - 2024

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