
Humanismo Soka
Hacer florecer nuestra individualidad
Un escritor observó una vez: «Voy a florecer si me observan, y voy a florecer así me ignoren». [1]
Hay un principio budista que plantea a partir de la floración de distintos árboles florales como el cerezo, ciruelo, duraznero y albaricoquero, que cada uno de nosotros tiene una identidad única, irrepetible e infinitamente valiosa, y que el propósito de nuestra existencia es hacer germinar y que de fruto la misión de nuestra vida. Postula que cada uno debemos florecer siendo fieles a nosotros mismos, como el cerezo que florece solo como él puede hacerlo, y así como ocurre con cada uno de los árboles frutales.
Cada uno de nosotros tenemos una personalidad distintiva. Algunos seremos más introvertidos y tímidos, otros más extrovertidos y con mayor temperamento, pero todos somos respetables y nobles por igual. Por ejemplo, las personas temperamentales, así como sus reacciones pueden ocasionarles problemas si se enojan con un compañero en el trabajo, a su vez, suelen destacarse por ser más apasionadas y con un fuerte sentido de justicia. Cuando estas personas se esfuerzan en la práctica, dejan de perder los estribos frente a sus emociones y pueden volcar su pasión hacia la creación de valor. Por otro lado, las personas que son más bondadosas, pueden ser influenciables y suelen tener dificultades para imponer sus deseos frente a los demás. Pero a través de la práctica budista despliegan una mayor convicción para expresar su opinión y para alentar a los demás. Es por eso que debemos aspirar a construir una personalidad sólida, viviendo de manera auténtica y fiel a uno mismo.
La práctica de la Ley Mística nos permite experimentar la alegría de descubrir esta dimensión de nuestro ser. Nuestra naturaleza primordial no cambia, pero a través de la fe podemos orientarla de manera positiva.
Esforzarnos en ser radiantes como el sol
Nuestro karma es personal y único: el ambiente en el que nos encontramos y nuestras características individuales son el escenario de nuestra propia revolución humana. Si bien cada uno es diferente, hay un rasgo que todos compartimos por igual, y es nuestro infinito potencial. Todos tenemos la capacidad inherente de desarrollarnos en cualquier aspecto, por lo que lo importante es orientar nuestros esfuerzos hacia esta meta. Si perdemos la confianza en nosotros mismos, estamos limitando las inmensas posibilidades que tenemos.
El budismo plantea que nuestra individualidad brilla en la medida en que avanzamos en nuestra revolución humana, y que, a su vez, la confianza en uno mismo surge de este esfuerzo. Por eso, es importante ver la diferencia en nuestra vida entre «ser yo mismo» y «yo soy así» o «ser como un es» y «quedarse como uno está». Para desarrollarnos y crecer, es necesario transformar aspectos de nuestra vida. En este sentido, las actividades en la Soka Gakkai son un «centro de entrenamiento» que nos pone en situaciones en las que podemos observar tanto nuestras virtudes como nuestras limitaciones, con miras a poder alentar a todas las personas.
Brillar con nuestra personalidad tal cual somos
Este principio fue enseñado por Shakyamuni en primer lugar, y luego retomado por Nichiren Daishonin. Antes ambos, cada uno en su época, se desató una gran oposición, debido a su declaración de que todas las personas, sin importar su condición, podían manifestar la budeidad. Uno de los ejemplos de esto lo encontramos en la historia de «la niña dragona», expuesta en el capítulo «Devadatta» del Sutra del loto. Allí, cuenta cómo una niña de unos ocho años de edad, aún con su condición de mujer, infante y su cuerpo de reptil, pudo manifestar el cuerpo de un buda, desechando los comentarios de que no lo iba a lograr.
El maestro Ikeda se explaya al respecto: «La niña dragona, a quien nadie concedía ninguna posibilidad de llegar a ser un buda porque era mujer, pequeña y tenía un cuerpo de animal, fue la primera persona que logró la iluminación con la misma forma que poseían anteriormente. La “declaración de los derechos de la mujer” implícita en el Sutra del loto dice que cada persona posee el potencial y el derecho innato de construir un estado de vida de felicidad absoluta. Cuando nosotros concretamos esta felicidad, demostramos que toda esa historia de sacrificio y lucha no fue en vano. El objetivo de cada persona, como la niña dragona, es emprender viaje hacia el logro de la felicidad total, mientras ayuda a quienes andan perdidos por el mar del sufrimiento a que alcancen el mismo estado de vida, por el bien de todos y a costa de nadie». [2]
No importa cuales sean nuestras circunstancias, características y personalidad. Todos y cada uno de nosotros tenemos el potencial de desplegar al máximo y manifestar la mejor versión de nosotros mismos. Como un capullo de flor que se abre y despliega su esplendor, ¡mostremos nosotros también el esplendor de nuestra auténtica identidad!
CITAS
[1] MUSHANOKOJI, Saneatsu: Mushanokoji Saneatsu zenshu (Obras completas de Saneatsu Mushanokoji), Tokio: Shogakukan, 1989, vol. 11, pág. 81.
[2] IKEDA, Daisaku: La Sabiduría del Sutra del loto, Buenos Aires: Azul índigo, 2019, vol. 2. pág. 255.
FUENTES
IKEDA, Daisaku: La sabiduría para ser feliz y crear la paz, Buenos Aires: Azul índigo, 2019, vol. 2.








