
Humanismo Soka
¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? Probablemente, si analizamos nuestras respuestas, nos lleven a que, en definitiva, todos deseamos ser felices. Sin embargo, la vida está repleta de dificultades que aparentemente se interponen con este objetivo. El budismo explica que la causa de la infelicidad no son los obstáculos en sí mismos; lo que nos ocasiona sufrimiento es no poder percibir la verdadera naturaleza de nuestra vida, carecer de la fortaleza y la sabiduría necesarias para hacerle frente a las adversidades. Asimismo,los sentimientos como la apatía, la envidia y el resentimiento oscurecen nuestra vida y no nos permiten reconocer la naturaleza de Buda intrínseca, propia y ajena.
Por el contrario, una vida de exuberante fuerza vital, de profunda sabiduría y de agradecimiento, es lo que nos permite enfrentar, e inclusive disfrutar, de los obstáculos cotidianos, así como los montañistas o los surfistas son atraídos por las montañas y las olas más grandes. Nuestra actitud mental es inseparable de lo que el budismo denomina como el «estado de vida», o la condición interna con la cual percibimos cada fenómeno de la existencia. Cuando logramos adquirir esa fuerza vital y sabiduría, podemos orientar cualquier circunstancia en una dirección más alentadora, positiva y brillante. Ese es el propósito de la fe.
El daimoku es la fuente de una vitalidad poderosa e incansable. Nichiren Daishonin enseña que no hay mayor felicidad que entonar Nam-myoho-renge-kyo, ya que la Ley Mística es el origen de la fuerza vital y de la sabiduría para enfrentar cualquier adversidad. El logro de la Budeidad es, en otras palabras, consolidar un estado de felicidad absoluta e indestructible. Es forjar un «yo» invencible frente a las vicisitudes de la vida.
Sobre la felicidad relativa y absoluta
El segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, distinguió y explicó en términos claros dos tipos de felicidad: la relativa y la absoluta.
La felicidad relativa significa concretar, uno por uno, todos los anhelos cotidianos. Por ejemplo, incrementar el ingreso económico, concretar una pareja, un trabajo mejor o una casa, entre tantas otras cosas. En el común de la sociedad suele pensarse que la felicidad reside en concretar esas cosas en la vida. Sin embargo, esta no es un tipo de satisfacción que trascienda el tiempo. De hecho, el disfrute asociado a esos deseos puede desaparecer en un instante: por ejemplo, cuando perdemos aquello que teníamos, o cuando nos comparamos negativamente con otras personas. Puede ocurrir que nos terminemos arrepintiendo de haber consagrado nuestro preciado tiempo de vida en conseguir esos anhelos, para que, una vez concretados, no alcancen nuestras expectativas y nos quede una sensación de vacío. Esto ocurre porque la felicidad relativa por sí sola no permite construir una vida realmente plena.
La felicidad absoluta se refiere a que el simple hecho de existir nos llene de alegría. También implica un estado que nos permita gozar de buena salud, tener una familia armoniosa, superar las dificultades económicas, prosperar en el trabajo, y así con cada aspecto de nuestra existencia.
El budismo expone que esforzarse por concretar la felicidad absoluta debería ser la meta primordial del ser humano. Esta felicidad no es la que surge a partir de compararnos con otros ni un estado de placer transitorio que se disipa con el tiempo. El maestro Toda explicó que practicamos el budismo de Nichiren para cultivar un estado de vida tan elevado que aún en las peores circunstancias nos permita seguir experimentando una profunda alegría por vivir. ¿Qué debemos hacer para vivir de esa manera? Dejar entonces de enfocarnos en concretar la felicidad relativa y aspirar a alcanzar la felicidad absoluta.
Despertar a nuestra misión, la clave para la felicidad
El maestro Toda también dijo: «que uno mismo sea felíz no es nada difícil; de hecho es una tarea sencilla. Pero la esencia del budismo de Nichiren yace en ayudar a los demás a ser felices en la misma medida». [1]
La filosofía de la creación de valor, sobre la cual se basan los valores de la Soka Gakkai, explica que la felicidad individual y la prosperidad social deben ir de la mano. La satisfacción individual no es una búsqueda egocéntrica, antes bien es el proceso de consolidación de un auténtico humanismo, de cultivar sabiduría y amor compasivo en uno y en los otros. La práctica del daimoku hace posible la dicha de los individuos y el desarrollo social.
El maestro Ikeda expresó: «A mi entender, lo que nos da fortaleza para seguir adelante en horas extremas son los lazos humanos: el deseo de vivir en bien de los demás. No puede haber felicidad mientras uno se deje consumir por el egocentrismo. Frente a esto, cuando actuamos considerando el bien de otros, renovamos la corriente profunda de nuestra vida.
La propia fuerza vital se incrementa en tanto y en cuanto podamos involucrarnos con los demás y cuidar a otros, ayudándolos a desplegar su potencial inherente. Cuando alentamos a alguien a elevar su estado de vida, esa exaltación también tiene lugar en nuestro propio ser. Eso es lo maravilloso del camino del bodisatva. La práctica para beneficiar a los semejantes es la misma que obra en beneficio personal». [2]
Desde la perspectiva de la misión, el propósito de la fe es lograr el kosen-rufu: la paz mundial para toda la humanidad. El budismo de Nichiren consiste en la práctica para uno y la práctica para los demás. Son como ruedas de un auto, que cuando ponemos en movimiento a la vez, se abre frente a nosotros el logro de la Budeidad. En términos cotidianos, logramos llevar una vida donde crecemos nosotros a la vez que nos esforzamos para que las personas que nos rodean también puedan vivir una existencia de felicidad genuina. Es una vida con un noble y fuerte sentido de propósito.
CITAS
[1] TODA, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda) vol 4. pág. 378.
[2] IKEDA, Daisaku: La sabiduría para ser feliz y crear la paz, Buenos Aires: Azul índigo, 2019, vol. 1, pág. 139.








