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Eduarda Mansilla: la mujer que inventó la literatura infantil argentina y cautivó a Víctor Hugo

Eduarda Mansilla: la mujer que inventó la literatura infantil argentina y cautivó a Víctor Hugo

Eduarda Mansilla: la mujer que inventó la literatura infantil argentina y cautivó a Víctor Hugo

Humanismo Soka

viernes, 10 de abril de 2026

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Pionera, políglota y vanguardista, una autora original que abrió camino propio en las letras nacionales.

Pionera, políglota y vanguardista, una autora original que abrió camino propio en las letras nacionales.

Pionera, políglota y vanguardista, una autora original que abrió camino propio en las letras nacionales.

En una Argentina naciente, Eduarda Mansilla (1834-1892) se alzó como una voz lúcida, cosmopolita y profundamente original. Considerada la primera autora de literatura infantil en el país, su figura ha sido objeto de una necesaria puesta en valor en los últimos años.

Cuna política y vuelo propio

Nacida el 11 de diciembre de 1834, Eduarda creció en el epicentro del poder y la cultura. Hija de Agustina Ortiz de Rozas —hermana de Juan Manuel de Rosas— y del general Lucio Norberto Mansilla, —héroe de la Vuelta de Obligado—, adquirió una rica formación en idiomas y artes. Su hermano, Lucio Victorio, fue asimismo una figura destacada del ámbito cultural y político decimonónico.

Su matrimonio con el diplomático Manuel Rafael García Aguirre la llevó a recorrer el mundo; estas experiencias nutrieron su mirada crítica y su pluma. Fue cronista de viajes, compositora y, sobre todo, una escritora que se atrevió a disputar los grandes temas de la identidad nacional.


Una voz entre dos mundos 

Es precisamente en sus novelas donde esa disputa cobra fuerza, al poner en tensión la dicotomía simplista entre «civilización y barbarie» y mostrar un marcado interés por mediar entre lo extranjero y lo criollo. En este sentido, sobresalen sus primeras obras, Lucía Miranda y El médico de San Luis, ambas publicadas en 1860. Cabe destacar que, en esta última, se anticipa por una década tanto a Una excursión a los indios ranqueles (1870), de su hermano Lucio, como al Martín Fierro (1872), al narrar la vida del gaucho y sus infortunios.


[Imagen: Archivo de la familia García-Mansilla / Facebook]


En la misma línea, en 1869, publicó en París Pablo, ou la vie dans les Pampas. La obra impresionó al propio escritor francés Víctor Hugo, quien le escribió: «Usted me ha mostrado un mundo desconocido... el paisaje es grandioso, el drama es conmovedor. Rindo a sus pies mis homenajes». [1]

En ese texto, problematiza la noción de barbarie asociada a nuestro país desde la mirada europea, a la vez que cuestiona la estigmatización de los pueblos y reflexiona sobre la violencia inherente a la condición humana.


El nacimiento de la fantasía argentina

Sin embargo, su mayor innovación llegó en 1880 con la publicación de Cuentos, el primer libro del género escrito para niñas y niños en Argentina. Domingo Faustino Sarmiento celebró su aparición y destacó la capacidad de Eduarda de conectar con la sensibilidad de los pequeños lectores.  

Influenciada por Hans Christian Andersen, aunque con los pies firmes en el suelo nacional, Eduarda crea un universo donde lo fantástico convive con las costumbres criollas. Al igual que el autor danés, recurre a la personificación o prosopopeya como un recurso central para dotar de vida interior y voz propia tanto a animales como a objetos inanimados.

A través de historias como la de «La jaulita dorada» o las peripecias del mono Chinbrú, Eduarda explora temas universales como la felicidad, la lealtad y la diferencia entre aparentar y ser. En sus páginas, propone la prudencia como virtud central y advierte sobre la fragilidad de la prosperidad, evitando dar por sentados los buenos tiempos. Sus relatos presentan la ingratitud como una causa inevitable de desdicha, pero desde una mirada humana y comprensiva hacia quien, por debilidad, elige un camino que lo hará sufrir.


Una declaración de principios

El prefacio de Cuentos representa una verdadera joya literaria; constituye un acceso directo a la voz y pensamiento de la autora, casi un siglo y medio después. En él, Eduarda revela su máxima ambición: «¡Vivir en la memoria de los niños argentinos!». Para la autora, escribir para las infancias era el mayor desafío literario y plasmaba así el respeto que sentía hacia este público lector:

«¿Puede acaso aspirarse a mayor gloria que a cautivar la atención de los niños, críticos perfectos, de un gusto exquisito, seguro; haciéndoles olvidar sus penas fugaces y despertando esa fantasía que dormita entre nubes sonrosadas? No. Y por mi parte esa gloria me bastaría». [2]


[Imagen: Imprenta de la República / Colección particular]


Otro rasgo destacable es su rechazo a las etiquetas. Dejó en claro que sus relatos no eran «ni azules ni rosados»; es decir, no estaban diseñados bajo los estereotipos de género que dividían las lecturas de la época.

Finalmente, su obra tiene un carácter pedagógico. Eduarda buscaba sembrar una ética de la sensibilidad a través de lo que ella llamaba «apólogos sencillos»:

«He tratado de familiarizar a mis lectores con la idea delicada y profunda de que en la naturaleza todo vive, todo siente; y que el sufrimiento no cuenta solo por la cantidad, sino por la calidad, mostrándoles que la virtud debe ser amada porque es bella». [3]


Un legado recuperado

Tras décadas de silencio —alimentado por su propia voluntad de no ser reeditada—, la obra de Eduarda Mansilla volvió a las librerías en 2011 por Ediciones Corregidor.


[Imagen: Ediciones Corregidor]


Hoy, leerla no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia para con una intelectual que supo mediar entre lo extranjero y lo propio, y que tuvo la audacia de escribir para las infancias cuando nadie más lo hacía.

El maestro Ikeda fue también un pionero en hablar a los más pequeños con total consideración y esperanza en su crecimiento y desarrollo. Sus palabras de aliento constituyen un legado invaluable para toda la humanidad en bien del porvenir. El capítulo «Jóvenes retoños» de La nueva revolución humana, abre con este poema, que condensa sus expectativas hacia sus jóvenes amigos: 

«¡Cuento con ustedes para erradicar 

de la faz de la tierra 

la pobreza, el hambre, 

la discriminación, la guerra y toda clase de miseria! 

Para ello, 

¡sean firmes, valerosos, perspicaces! 

Fortalézcanse, impónganse desafíos, estudien con avidez. 

El desarrollo de ustedes 

es lo que yo y el mundo entero,

con el corazón expectante, 

ansiamos ver». [4]



CITAS

[1]  HUGO, Víctor. Carta a Eduarda Mansilla, 14 de enero de 1870. Citado en: GARCÍA-MANSILLA, Daniel. Visto, oído y recordado. Buenos Aires: Kraft, 1950, p. 273.

[2]  MANSILLA DE GARCÍA, Eduarda. Cuentos. Buenos Aires: Imprenta de la República, 1880, p. 7.

[3] Ib., pág. 8.

[4] IKEDA, Daisaku. La nueva revolución humana. Buenos Aires: Azul Índigo, 2022, vol. 27, p. 11.

© Humanismo Soka - 2024

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