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Sobre la alimentación: «dietas», sobrepeso y salud

Sobre la alimentación: «dietas», sobrepeso y salud

Sobre la alimentación: «dietas», sobrepeso y salud

Humanismo Soka

martes, 7 de abril de 2026

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¿Para qué comemos? En una cultura atravesada por la exigencia estética y las soluciones rápidas, repensar la alimentación implica recuperar una relación más consciente y saludable con el propio cuerpo.

¿Para qué comemos? En una cultura atravesada por la exigencia estética y las soluciones rápidas, repensar la alimentación implica recuperar una relación más consciente y saludable con el propio cuerpo.

¿Para qué comemos? En una cultura atravesada por la exigencia estética y las soluciones rápidas, repensar la alimentación implica recuperar una relación más consciente y saludable con el propio cuerpo.

Transformar la culpa en deseo de ayudar a los demás a ser felices

«El lunes empiezo la dieta»; «hoy me excedí», «tengo que bajar de peso»… Son frases que muchas veces escuchamos, incluso que nosotros mismos quizás decimos. En una sociedad que avanza cada vez más rápido, es difícil frenar a replantearnos nuestra relación con la alimentación. Sin embargo, muchas veces comemos cosas que nos afectan a la salud, ya sea por estrés o ansiedad, porque no tuvimos tiempo de planificar, o incluso para «llenar» un vacío cuyas raíces muchas veces son más profundas.

Entonces, ¿por qué la culpa? Es innegable que los parámetros de belleza nos llevan a depositar muchas veces la felicidad en las apariencias. Y es sabido que a veces, muy en el fondo, sentimos que, hasta no llegar a lucir de tal o cual manera, no seremos realmente felices. Las redes sociales no hacen sino exacerbar ese sentimiento colectivo generalizado, pero que no siempre se exterioriza y muchas veces nos lleva a sentir grandes presiones en relación a la alimentación. Esta frustración o miedo a «no encajar» en un modelo «hegemónico», puede incluso originar una relación desordenada con la comida. La culpa muchas veces deriva de comer más de lo que necesitamos, lo que nos lleva a sentir que nos alejamos de ese «ideal» al que aspiramos.

Sin embargo, podríamos preguntarnos: si el origen de una relación «conflictiva» con la comida tiene que ver con cómo nos sentimos con nosotros mismos, con nuestra visión del mundo y nuestro sentido de propósito, ¿alcanzará con una dieta diferente para transformar la situación? Muchas veces ocurre que decidimos comenzar a «cuidarnos», comiendo más saludable y haciendo ejercicio, y con el tiempo volvemos a estancarnos y a sentirnos mal con nosotros mismos. ¿Cómo revertir esto?


¿Dónde está la felicidad genuina?

Podríamos señalar que las enseñanzas budistas jamás depositan la felicidad humana en las apariencias y circunstancias. Por el contrario, explican que la felicidad verdadera es una condición interior que construimos ladrillo por ladrillo, como un sublime palacio del corazón, mientras avanzamos en la vida. Es una plenitud irrestricta, que deriva de un amplio estado de vida que surge a raíz de la práctica budista. Por lo tanto, no encontraremos la dicha genuina en las apariencias, que son cambiantes y transitorias. Por el contrario, podemos orientar nuestros esfuerzos en construir una identidad firme como una montaña y profunda como el mar, a través de la cual edificar una vida que nos brinde satisfacción y orgullo en cada aspecto.

El budismo habla del concepto de «revolución humana», que trata de una transformación interior de raíz basada en la práctica cotidiana. El aspecto de la salud es una cuestión importante en el proceso de nuestra revolución humana. Para convertir el veneno en medicina, tenemos que tomar una decisión profunda, y sostenerla diariamente con la fuerza vital que proviene del daimoku [repetición de Nam-myoho-renge-kyo].

Para pasar de sentir culpa a sentir la alegría de poder alimentarnos para seguir viviendo y compartiendo con las personas, tenemos que asentar en lo más hondo de nuestra vida un firme sentido de propósito. Todos tenemos una misión, única e irrepetible, que nadie más puede cumplir. Cuando nos basamos en la fe, cada momento se vuelve la oportunidad de llevar adelante esa misión, lo cual nos llena de incontenible alegría. El alimento que nutre nuestra vida es la fuente de energía que nos permite cumplir esa misión. Podemos convertir la ansiedad o frustración en el agradecimiento de un día más para seguir avanzando en nuestra revolución humana.

Por otro lado, hacer la revolución humana es un proceso constante, de permanente superación y desafío. ¡No esperemos volvernos perfectos de la noche a la mañana! Pero sí prosigamos en nuestros esfuerzos, dando lo mejor de nosotros. No se trata de no equivocarnos, o de no permitirnos disfrutar de un rico postre de tanto en tanto, sino de renovar día tras día la decisión de triunfar sobre nosotros mismos, y de seguir compartiendo aliento y esperanza junto a los demás.

Nuestro verdadero valor como personas no tiene que ver con cuánto pesamos o cómo nos queda un atuendo, sino que, por el mismísimo hecho de estar vivos, nuestra existencia es infinitamente preciada y valiosa. Nichiren Daishonin afirmaba que: «La vida es el más preciado de todos los tesoros. Un solo día extra de vida vale más que diez millones de ryos de oro». [1]

Hay innumerables ejemplos de cómo a través del desafío en la lucha por la paz y la felicidad de las personas, muchos mejoraron su estado de salud y sus hábitos cotidianos. Hay quienes al salir a pie a encontrarse con sus compañeros de fe realizan su ejercicio diario, o quienes deciden siempre estar atentos a correr en busca de lo que haga falta para aportar al bienestar de los demás y así mantienen un ritmo de salud vibrante. Otro ejemplo se cuenta en un diálogo sostenido por el maestro Ikeda junto a algunos profesionales de salud:


«Morita: Tengo un conocido del Departamento de Señores que desde hace muchos años reparte el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai. Dice que, en parte, empezó pensando en su salud y, aún hoy, continúa haciéndolo. Cuando comenzó, estaba algo excedido de peso; pero levantarse temprano y realizar una moderada cantidad de ejercicio cada día lo puso en forma, y así logró un excelente estado físico. Me contaba, con orgullo, que en su chequeo más reciente el doctor le había dicho que su salud era impecable, que era el prototipo de persona saludable, con el físico de alguien diez años menor.

Daisaku Ikeda: ¡Es maravilloso! Sus esfuerzos son verdaderamente admirables. Sinceramente le deseo toda la seguridad del mundo y una larga vida. Justamente hay un proverbio occidental que dice: “El lechero es más saludable que quien bebe la leche”.

Por otra parte, pienso que el término “salud” no solo se refiere al bienestar físico. En esencia, es tener el deseo imperioso de hacer algo por la felicidad de los demás, de transmitir el budismo de Nichiren Daishonin a otras personas.

Mahatma Gandhi estaba convencido de que debíamos comer solo para vivir, para poder prestar servicios a nuestros congéneres, y no para consentirnos. En definitiva, siento que, más que nuestra apariencia externa, lo realmente valioso es el afán por servir a los demás y la aspiración a vivir existencias largas y saludables para poder llevar a cabo esa misión. Siento que, justamente allí, yace el verdadero significado de la dieta desde la perspectiva del budismo». [2]



CITAS

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1000.

[2] IKEDA, Daisaku: Diálogos sobre la salud, Un nuevo siglo de salud: El budismo y el arte de curar, publicado el 21 de abril de 1996 en el Diario Seikyo, periódico de la Soka Gakkai.



© Humanismo Soka - 2024

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