Humanismo Soka
Expandir nuestra humanidad
El segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, definió el concepto de «revolución humana» como el proceso fundamental de transformación interior a través del cual podemos romper los grilletes de nuestro «yo inferior», sujeto a los intereses personales y al ego, y cultivar el «yo superior», enfocado en el bien de las personas, capaz de preocuparse y tomar acciones por los demás.
Pongamos un ejemplo: una persona vive centrada en sí misma y en su entorno más cercano, por su trabajo, su estudio y su rendimiento personal. Sin embargo, en un momento decide expandir su mundo limitado y empieza a preocuparse por las demás personas, por ejemplo, aquellas que sufren de una enfermedad o de un gran sufrimiento con el deseo de ayudarlas. Se dispone a esforzarse por esas personas, e incluso a triunfar en sus desafíos personales para alentarlas desde su propio ejemplo. Así, esa persona está haciendo su revolución humana.
Cuando esa revolución humana se extiende a la familia, al país y al mundo, comienza a propagarse en la sociedad una revolución de paz que surge de un individuo. Ese individuo podemos ser cada uno de nosotros.
El maestro Ikeda señala: «¿Y cuál es la herramienta de nuestra revolución? Es el diálogo con una persona tras otra. Es el cambio mediante el poder de las palabras. En un sentido básico, es un esfuerzo por inspirar a otros mostrando nuestra humanidad. Por eso, pulir la propia vida es una parte indispensable de nuestro movimiento». [1]
La revolución humana consiste en abrir los ojos, mirar más allá de las preocupaciones inmediatas y dedicarnos en cada uno de nuestros esfuerzos basados en una visión más elevada. Los momentos en donde uno atraviesa sufrimiento, o no sabe qué hacer o hacia dónde dirigirse, son oportunidades para dar esos grandes pasos en la propia revolución humana.
Nichiren Daishonin expuso la ley de Nam-myoho-renge-kyo como práctica esencial para que todas las personas, sin distinción, extraigan desde lo profundo de su vida el estado de Buda que reside en su interior. De esta manera, nos volvemos capaces de comprender que nuestra vida tiene un poder ilimitado, y tomamos conciencia de la dignidad de la misma. Así, adquirimos la capacidad de percibir que aquello que creíamos imposible puede volverse posible, y desarrollamos una potente vitalidad que nos permite enfrentar nuestros obstáculos con un sentido de liberación interior. Sentimos la capacidad de avanzar en nuestra propia revolución humana esforzándonos por que nuestro «yo» de hoy sea mejor que el de ayer, y que el «yo» de mañana sea aún mejor.
El verdadero beneficio de la fe es la revolución humana
Nuestra existencia es una compleja trama de factores: se conjugan nuestras costumbres y personalidad, el karma y relaciones humanas... Todos estos elementos suelen entremezclarse y no es fácil sentir «libertad» con respecto a ellos. Puede incluso ocurrir que se nos pase la vida sufriendo por cuestiones inmediatas, y cuando queremos recordar nuestro propósito esencial, ya se termina el tiempo. El budismo expone que ninguna circunstancia transitoria podrá de por sí permitirnos consolidar una felicidad genuina: el reconocimiento, la fama o la riqueza no nos garantizan la dicha ni el crecimiento personal. Incluso contando con todos esos atributos, se puede ser desdichado y vivir inmerso en el sufrimiento. Lo importante, entonces, es cómo modificaremos nuestra vida a un nivel medular, es decir, afrontar la pregunta: si nos despojamos de todos estos elementos «artífices» o que abarcan un aspecto más superficial de nuestra vida, ¿qué queda de nosotros?
Los seres humanos somos la única especie que tiene la capacidad de crecer interiormente, avanzar hacia la autosuperación y darle un sentido de propósito a la existencia. No tenemos la capacidad de transformarnos en un ser superior o trascendente: siempre seremos seres humanos. Aún así, poseemos la habilidad de crecer y mejorar nuestra vida tal como somos, hasta consolidar una condición interior realmente magnífica, que nos permita triunfar en cada uno de los desafíos que debamos enfrentar.
Cuando nos esforzamos por el bienestar de otros y oramos sinceramente por su felicidad, de a poco se eleva nuestro estado de vida y trascendemos nuestro yo inferior que vive preocupado únicamente por cuestiones individuales o egoístas. Cuanto más nos comprometemos por el bienestar de los demás, mayor es la fuerza vital, la esperanza y el coraje que surge de nuestra vida. Aunque nuestros problemas personales sigan estando, podemos enfrentarlos y superarlos con convicción. Y en el proceso de forjar lazos de confianza con las personas que nos rodean, pulimos nuestra vida y nos desarrollamos.
Visto desde esta perspectiva, el verdadero y más grande beneficio de la fe es esta transformación, esta revolución humana.
El maestro Ikeda expresó: «Estamos trabajando para llevar a cabo una revolución totalmente nueva, sin precedentes y sin parangón en la historia. No cobrará una sola víctima. Es un ensayo grandioso, que no fracasará. [Este siglo] ha estado marcado por guerras y revoluciones, pero también podemos decir que es el siglo que ha visto el comienzo de la revolución humana. Precisamente por ello, estoy convencido de que quedará en la historia como el preludio del más glorioso y brillante siglo de la vida. Y todos ustedes son los campeones de esa centuria».
CITAS
[1] IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, Buenos Aires: Azul índigo, 2018, vol. 9, pág. 181.
[2] Ib., pág. 182.
https://www.daisakuikeda.org/es/main/philos/essays-on-buddhism/what-is-human-revolution.html
https://www.sokaglobal.org/es/resources/study-materials/buddhist-concepts/human-revolution.html









