Humanismo Soka
Sobre el cuidado del altar
Cada uno de los elementos que componen las ofrendas en el altar, reflejan el sincero espíritu de gratitud, respeto y valor que damos al lugar donde desarrollamos nuestra práctica cotidiana. Por lo tanto, se aconseja mantener la superficie del altar ordenada y limpia, evitando que el desorden afecte nuestra concentración en el Gohonzon al momento de orar. Lo importante es mantener la convicción de que nuestras ofrendas sinceras al Gohonzon constituyen «actos virtuosos», que sembrarán beneficios y buena fortuna en nuestra vida. Aun las simples formalidades como la ofrenda de plantas verdes o de incienso, mientras estén basadas en la sinceridad, son una manera de «poner en práctica nuestra fe». En un pasaje del Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, Nichiren Daishonin señala que el término «lugar de la práctica» o «lugar de la iluminación» se aplica a todo sitio donde resida un practicante del Sutra del loto. En otras palabras el lugar donde estamos en este momento es donde practicamos la Ley Mística y logramos la Budeidad en esta existencia.
El budismo de Nichiren es una religión transformadora de la realidad. Empodera a las personas para que, en su propia vida cotidiana, ofrezcan pruebas tangibles y claras de sus beneficios, y para que todos puedan vivir con suprema satisfacción y felicidad.
¿Cuál es el significado de cada una de las ofrendas que se brindan al Gohonzon?
Plantas verdes
La ofrenda de plantas verdes representa la fuerza vital y la pureza. En los diversos países del mundo, los miembros de la SGI utilizan distintos tipos de plantas verdes, y en algunos casos plantas artificiales.
Frutas o alimentos
Simboliza la ofrenda de alimento, esencial para el desarrollo de la vida. Puede consistir en frutas o alimentos envasados, que se renuevan luego de un tiempo.
Agua fresca
La ofrenda de agua fresca proviene de la antigua India, donde, debido al clima caluroso, el agua era un elemento sumamente preciado. Como una muestra de sinceridad en la fe, cada mañana se ofrenda al Gohonzon una copa de agua fresca. Con el correr de los años se adoptó la costumbre de retirarla al anochecer, generalmente antes del gongyo vespertino.
El incienso
El incienso representa la ofrenda de fragancia. Tradicionalmente se quema colocándolo de forma horizontal. Como sucede con todas las ofrendas, el ofrecer incienso al Gohonzon es una expresión de gratitud, no una obligación; en ese sentido, si alguien es alérgico o el aroma no le resulta agradable, es perfectamente aceptable no ofrecerlo.
Las velas
Las velas representan la ofrenda de luz, y se encienden durante la ceremonia del gongyo. Durante la época de Nichiren Daishonin, en Japón no existían las velas y la principal fuente de luz eran las lámparas de aceite. El significado de esta ofrenda se ilustra en el escrito Respuesta a Onichi-nyo, donde se relata: «Una mujer pobre se cortó el cabello y lo vendió para comprar aceite [para el Buda]; y ni siquiera los vientos que soplaban desde el monte Sumeru pudieron extinguir la llama de la lámpara que ese aceite alimentó». [2] Tradicionalmente, se utilizan velas blancas, aunque no existe doctrina que exija o prohíba el uso de velas de color. Todo depende del gusto personal de cada uno hacia su altar, en algunos casos, empleando incluso velas eléctricas. Es importante recordar que las velas demasiado brillantes o llamativas pueden desviar la atención del Gohonzon.
La campana
El tañido de la campana constituye la ofrenda de sonido y marca el inicio y el final del daimoku y gongyo. Por tal razón, se procura crear un sonido agradable, evitando golpearla con demasiada fuerza. Los escritos de Nichiren Daishonin no mencionan ni la manera ni el número de veces que debe tocarse la campana. El segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, dijo en una oportunidad: «Tocar la campana durante el gongyo es una manera de brindar bienestar al Buda. Por lo tanto, debe realizarse de manera armoniosa. Asimismo, hacemos sonar la campana para guiar a los demás cuando oramos en grupo». [3]
Butsudan
El Butsudan es el mueble donde se encuentra entronizado el Gohonzon, objeto de devoción fundamental del budismo de Nichiren, frente al cual se realiza la práctica budista. El mismo se encuentra colocado en la pared, aproximadamente a la altura de nuestros ojos cuando estamos sentados. El maestro Ikeda expresó: «El solo acto de sentarse respetuosamente ante el Gohonzon a entonar Nam-myoho-renge-kyo implica trascender el apego a la propia sabiduría limitada y a las experiencias parciales, y conlleva el deseo sincero de fusionar nuestra vida con el ritmo primordial de la naturaleza y del universo, con la Ley de la vida revelada por la sabiduría del Buda. Sin menospreciarnos ni humillarnos, concentramos todas las acciones en el instante vital y recargamos nuestra energía para desplegar un crecimiento ilimitado. Esto constituye un estado de vida sumamente sano y satisfactorio». [4]
CITAS
1 IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, Buenos Aires, Azul índigo, 2022, vol. 26, pág. 280.
2 Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1135.
3 TODA, Josei: Toda Josei zenshu (Obras completas de Josei Toda), Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1982, vol. 2, págs. 100- 101.
4 IKEDA, Daisaku: La sabiduría para ser feliz y crear la paz, Buenos Aires: Azul índigo, 2023, vol. 1, pág. 88.









