Humanismo Soka
Durante la infancia, era frecuente utilizar los famosos «diarios íntimos»: esos pequeños cuadernos con candado donde volcábamos cómo nos sentíamos, algún evento importante, un diálogo que nos había marcado o un recuerdo que no queríamos olvidar.
Con el tiempo, esa práctica fue transformándose y hoy algunos la retoman a través de plataformas, apps de escritura o diarios virtuales. Es decir, cada vez más personas descubren el valor que tiene la escritura para su bienestar.
El valor de la escritura a través del tiempo
A lo largo de la historia de la humanidad la comunicación fue pasando desde el lenguaje oral a la palabra escrita. El historiador Louis Calvet explicó: «A medida que fue produciéndose la lenta evolución de cuadrúpedo a bípedo, que iba sirviéndose cada vez en mayor medida de sus patas traseras, dotándose al mismo tiempo que de las manos (las antiguas patas delanteras) de capacidad para el lenguaje: desde entonces podrá hablar, manipular objetos o dibujar». [1] Podemos pensar que el lugar y el registro de la palabra a lo largo de los tiempos fue cobrando un lugar cada vez más valioso.
«La escritura, en el sentido estricto de la palabra, la tecnología que ha moldeado e impulsado la actividad intelectual del hombre moderno, representa un adelanto muy tardío en la historia del ser humano. El Homo sapiens lleva tal vez unos 50 mil años sobre la tierra. La primera grafía, o verdadera escritura, que conocemos apareció por primera vez entre los sumerios en Mesopotamia apenas alrededor del año 3500 a. de C.». [2] A partir de este avance, las primeras civilizaciones comenzaron a escribir en tablillas de arcilla húmeda realizando incisiones con el filo de un punzón. Esto fue lo que dió origen a una de las formas de escritura más antiguas de la historia de la humanidad: al alfabeto cuneiforme. Estas grafías representaban aspectos centrales de la vida en comunidad, en ellas plasmaban, por ejemplo, impresiones de sus actividades como la agricultura, la cría de ganado y escenas de convivencia en grupo.
Por lo tanto, la escritura además de convertirse en una forma de expresión de las necesidades más profundas y vitales del ser humano, continuó desarrollándose como una herramienta para ordenar la vida social y la convivencia armoniosa.

Placa encontrada en la antigua Babilonia con texto cuneiforme [Imagen: National Geographic].
Escribir desde el punto de vista psicológico
Desde los orígenes del Psicoanálisis, Sigmund Freud, padre de esta disciplina, nos invita a pensar la escritura como una vía de expresión de nuestro mundo interno. En uno de sus textos, El creador literario y el fantaseo, explora el orígen psíquico de la creación artística y literaria, especialmente en relación a la fantasía y al deseo inconsciente. Allí plantea que, a través del arte, el ser humano encuentra una forma de expresar aquello que de otro modo no podría decir. Esto puede suceder porque el contenido de sus ideas o eso que atraviesa en lo profundo de su ser lo interpela, es muy doloroso, conflictivo o aún resulta desconocido para sí mismo.
Esta línea de pensamiento refiere a que, a través del arte y la expresión estética, podemos poner en palabras o dar lugar a lo que nos angustia. Así, también es posible identificar, expresar emociones y ordenar nuestro curso de pensamiento cuando éste nos resulte abrumador.
El lenguaje universal para expresar lo que sentimos
Freud también se valió de la literatura para dar voz y forma a sus ideas. A partir de reconocidas obras como Edipo Rey, de Sófocles, y Hamlet, de William Shakespeare, encontró material simbólico que le permitió construir parte de su corpus teórico: como el Psicoanálisis, el complejo de Edipo y la comprensión de la estructuración psíquica. Estas narrativas condensan dilemas psíquicos universales que revelan los conflictos más profundos de la vida humana: el miedo, el amor, la duda, la soledad y la esperanza. Es decir, tomó ejemplos concretos de la literatura clásica para dar forma a sus teorías.
Por ejemplo, en Hamlet observó cómo lo que sentimos puede quedar atrapado en nuestro interior, sin que podamos expresarlo, e impactar negativamente en nuestro diario vivir. En Edipo Rey, encontró un modo de representar simbólicamente los vínculos más tempranos de un ser humano a nivel psíquico (figuras de cuidado, nuestros padres o quien haya ocupado ese lugar), como también los conflictos propios que acompañan el crecimiento y la búsqueda de identidad.
Beneficios de la escritura para el cerebro
Múltiples beneficios derivan del simple acto de escribir. Sentarnos a producir un texto, ya sea en el ámbito laboral, académico, en nuestra vida cotidiana o como recurso terapéutico, nos enriquece de muchas maneras.
La escritura estimula distintas áreas de nuestro cerebro, entre ellas el hipocampo, que se encuentra muy vinculado al recuerdo. Por eso nos permite también fortalecer la memoria. A su vez, escribir nos permite mejorar nuestra atención y la organización del pensamiento. Esto sucede porque al escribir jerarquizamos nuestras ideas, es decir que le damos un orden de prioridad e importancia, lo que después nos permite dotarlas de sentido.
¡Y eso no es todo! A su vez, permite que ambos hemisferios cerebrales trabajen en conjunto. El hemisferio izquierdo (asociado al razonamiento, a la lógica) y el hemisferio derecho (vinculado a la creatividad e imaginación). Por lo tanto, al escribir no solo comunicamos, también integramos información, y le damos prioridad a lo que es realmente relevante para que el flujo de nuestro pensamiento nos resulte menos abrumador. Es una oportunidad para ampliar nuestra mente.
Entonces, podríamos decir que escribir es un acto universal, una forma de arte y de expresión que trasciende los tiempos. No importa si no somos profesionales, si tenemos errores o nos cuesta sentarnos a escribir.
En su libro El camino de la escritura de Julia Cameron, escritora, artista y periodista estadounidense, expresa que «todos podemos escribir, lo que pasa es que a muchos nos da miedo ponernos manos a la obra. Ante el temor de ser juzgados, de quedar en ridículo, nos acobardamos». [3] A lo largo de su obra, la autora deja en claro que todas las personas podemos escribir y que esta práctica puede ser parte de nuestra vida cotidiana, capitalizándola como una forma de expresión y autoconocimiento.
Escribir permite prestarle palabras a eso que nos resulta incomprensible, nos permite encontrarle sentido a lo que nos pasa. Al respecto, la Licenciada en Filología Hispánica Silvia Adela Kohan refiere: «Lo escribes y reconoces las causas, escribes tus problemas y descubres los motivos, y así le das la vuelta al fin a lo insoportable. De hecho, Dostoievski consiguió superar la muerte de su padre con Crimen y castigo; Borges pudo volver a dormir cuando publicó Funes el memorioso e Isabel Allende calmó el dolor por la muerte de su hija al escribir Paula» [4].
La escritura nos permite identificarnos, encontrarnos a nosotros mismos en las palabras de algún autor y alentarnos a partir de su experiencia. «La escritura es una forma de pensar, de pensarte y de reacomodar el mundo para poder comprenderlo y comprenderte dentro de él. Y es una forma de conocimiento para relacionarte mejor.» [5] Tal como relata un dicho popular: «Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera».
Desde su juventud, el maestro Ikeda se volcó de lleno a la escritura. Con el objetivo de alentar a todas las personas, realizó una amplia cantidad de obras. En su novela La nueva revolución humana, relata, a modo de crónicas escritas, experiencias de su época juvenil que han inspirado a miles de jóvenes: «Shin’ichi (pseudónimo de Ikeda) solía decirles a los miembros del Departamento de Jóvenes que había conservado el diario de su juventud y los alentaba a registrar cada día las memorias doradas de su esfuerzo juvenil de un modo fiel a ellos mismos. Leyendo el diario, los miembros se enteraron de que el presidente Yamamoto, batallando con circunstancias muy similares a las de ellos, había trabajado y estudiado. Eso los hizo sentirse muy cerca de él. Atisbar de este modo la vida de Shin’ichi, con su fuerte conciencia de su elevada misión de llevar a cabo el kosen-rufu y su disposición de sobrellevar dificultades, pulsó una cuerda en sus corazones y les dió esperanza y coraje para sus propios futuros». [6]
¡Sigamos escribiendo, juntos, maravillosas crónicas de revolución humana!
CITAS
[1] CALVET, Louis: Historia de la escritura, Barcelona: Paidos, 2007, pág 33, 34.
[2] ONG, Walter: Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra, Ciudad de México: Fondo de cultura económica, 2021, pág.72.
[3] CAMERON, Julia: El camino de la escritura: Aguilar, 2023, véase: https://books.google.com.ar/books/about/El_camino_de_la_escritura.html?hl=es&id=ExHAEAAAQBAJ&redir_esc=y
[4] KOHAN, Silvia: Escribir para sanar, Madrid: Terapias verdes, 2020, pág.12.
[5] Ib.
[6] IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, Buenos Aires: Azul Índigo, 2016, vol. 10, pág 13 y 14.









