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El significado de la «oración» en el budismo

El significado de la «oración» en el budismo

El significado de la «oración» en el budismo

Humanismo Soka

miércoles, 14 de enero de 2026

miércoles, 14 de enero de 2026

¿Cuál es el verdadero significado de «orar»? ¿Cómo se realiza una oración budista? El budismo de Nichiren Daishonin expone la práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo para hacer florecer el ilimitado potencial inherente a la vida. La oración, en este caso, no refiere «pedir» a algo externo a la propia existencia de uno, sino que implica una decisión que tomamos desde lo más hondo de nuestro ser. En esta oportunidad, compartimos algunas reflexiones al respecto realizadas por el maestro Daisaku Ikeda, extraídas del volumen IV de «La sabiduría del Sutra del loto: Diálogo sobre la religión en el Siglo XXI».

¿Cuál es el verdadero significado de «orar»? ¿Cómo se realiza una oración budista? El budismo de Nichiren Daishonin expone la práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo para hacer florecer el ilimitado potencial inherente a la vida. La oración, en este caso, no refiere «pedir» a algo externo a la propia existencia de uno, sino que implica una decisión que tomamos desde lo más hondo de nuestro ser. En esta oportunidad, compartimos algunas reflexiones al respecto realizadas por el maestro Daisaku Ikeda, extraídas del volumen IV de «La sabiduría del Sutra del loto: Diálogo sobre la religión en el Siglo XXI».

¿Cuál es el verdadero significado de «orar»? ¿Cómo se realiza una oración budista? El budismo de Nichiren Daishonin expone la práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo para hacer florecer el ilimitado potencial inherente a la vida. La oración, en este caso, no refiere «pedir» a algo externo a la propia existencia de uno, sino que implica una decisión que tomamos desde lo más hondo de nuestro ser. En esta oportunidad, compartimos algunas reflexiones al respecto realizadas por el maestro Daisaku Ikeda, extraídas del volumen IV de «La sabiduría del Sutra del loto: Diálogo sobre la religión en el Siglo XXI».

La oración es una sublime prueba de nuestra condición humana


La oración es característica de la especie humana. Los animales no poseen esta capacidad. Por lo tanto, orar demuestra nuestra humanidad.

¿De qué manera son respondidas nuestras oraciones? El budismo lo esclarece desde el punto de vista de la ley de la vida. Expone la Ley Mística [Nam-myoho-renge-kyo], el arte secreto por el cual los engranajes del microcosmos que es el yo encastran perfectamente con los del macrocosmos.

Abrazar el Gohonzon [objeto de devoción] es abrazar el universo entero. Es tomar contacto con la fuente de la cual brota la fuerza del cosmos. El que abraza el Gohonzon merece supremo respeto.

Es esencial que tratemos con supremo respeto y honor a los compañeros que se están esforzando por el kosen-rufu. Este es el espíritu fundamental de la SGI. Mientras mantengamos esta postura, jamás dejaremos de crecer.

No hay que preocuparse por el hecho de que nuestra mente esté activa cuando entonamos daimoku [Nam-myoho-renge-kyo]. Somos seres humanos, así que, en cierta forma, es algo natural. Lo importante es relacionarnos con el Gohonzon en forma auténtica, sin adoptar poses ni actitudes rígidas o poco naturales.

Tener pensamientos dispersos es parte inherente de nuestra vida como entidades sujetas al principio de ichinen sanzen, es decir, los tres mil estados presentes en cada instante de la vida. Por lo tanto, a través del daimoku uno convierte aun esos pensamientos en beneficios.

No hay reglas que normaticen la manera de orar. No hay necesidad de pretender nada, ni de fingir lo que no somos. La oración rígida y forzada no produce ningún efecto profundo. A medida que uno profundiza su fe, también va adquiriendo mayor capacidad de concentración.

En realidad, ya que los pensamientos e ideas que vienen a nuestra mente mientras invocamos son cuestiones que nos preocupan, en lugar de tomarlos como algo ajeno, debemos orar por cada una de esas cuestiones seriamente, sean lo que fueren. No sólo hay que hacer daimoku por las «grandes cuestiones»; en cambio, uno ora por cada asunto que le toca enfrentar, lo resuelve con una victoria y sigue adelante, siempre fortaleciendo su fe en el transcurso de cada situación.

Por favor, no hay ninguna necesidad de ponerse tenso o nervioso cuando uno practica el daimoku. Lo que cuenta es que seamos fieles a nosotros mismos, que seamos nosotros mismos, cuando nos sentamos a orar.

No hay límite con respecto a cuántas cosas llevar en el corazón en el momento de orar. Cuanto más deseos uno tenga, más ferviente, sincero y abundante será nuestro daimoku. Es algo parecido a salir de compras: cuando uno tiene muchas cosas que comprar, debe salir de casa con bastante dinero. El budismo es razón…

¿Quién responde nuestras oraciones? ¡Nosotros! ¡A través de la fe y de nuestro esfuerzo! No hay nadie más que pueda hacerlo…

Volvamos al ejemplo de la salida de compras provistos de dinero. Disponer de nuestros propios fondos es una condición necesaria para adquirir bienes. La «moneda corriente» de la oración no es otra cosa que nuestra práctica de la fe.

Estamos practicando una fe en la cual «ninguna oración queda sin respuesta». Así que antes que ninguna otra cosa, y en primer lugar, por favor hay que entender esto claramente y tener la convicción de que es así. Dicho esto, a veces la oración parece haber sido respondida, y en otras ocasiones, parece que no tiene respuesta. Pero mientras sigamos haciendo daimoku, finalmente todo se encaminará de la mejor manera posible. Lo verán con claridad más adelante, cuando puedan mirar hacia atrás y darse cuenta a la distancia.

Hay algo mucho más importante y es que el esfuerzo que hacemos para que nuestras oraciones sean respondidas nos vuelve más fuertes como personas. Si consiguiéramos que cada cosa por la que oramos se hiciera realidad instantáneamente, nos echaríamos a perder. La falta de esfuerzo y de perseverancia haría de nosotros individuos cómodos, mal acostumbrados y decadentes. Es decir, seres humanos superficiales. Pero entonces, ¿para qué practicamos la fe?

La vida es una sucesión de acontecimientos, en cuyo transcurso uno se expone a conocer toda clase de adversidades y reveses. Así es la vida. Justamente por la tremenda variedad de contactos y experiencias que nos depara el destino, podemos disfrutar de la vida y sentir plenitud y entusiasmo ante el porvenir. Esta variedad de fenómenos nos permite crecer y desarrollar un estado de vida poderoso, imperturbable y magnánimo.

Si cada cosa por la que oramos se produjera en forma instantánea, el daimoku sería simplemente magia. Pero esto va en contra de la razón. Aunque uno encienda la hornalla y ponga la olla con agua, no va a obtener arroz hervido mientras no ponga arroz a cocinar.

El budismo es sentido común; enseña el camino correcto de la fe, que se manifiesta en la vida cotidiana. La fe que ignora la realidad no existe. Nuestro deseo no se concreta sin hacer un esfuerzo real.

Ayudar a los seres humanos a ser más felices y mejorar el mundo… De esto se trata el kosen-rufu. Esta gran lucha por hacer frente a la realidad es, de por sí, creación de valores y es verdadera religión. ¿Y en qué consiste la paz, sino en generar beneficios en esta existencia?

Desde el punto de vista de la creación de valor como filosofía, la felicidad individual y la prosperidad social no son opuestos inconciliables. A decir verdad, ambos términos están estrechamente relacionados, como la rotación y la traslación de la Tierra. Uno llega a ser feliz a través de esforzarse por el bienestar de la comunidad. Y la sociedad, por su parte, debe procurar la felicidad de cada sujeto que la integra.

 

Que nuestras oraciones encuentren respuesta o no, depende de nuestra fe. El resultado de la oración también tiene que ver con la profundidad de nuestro karma, y por este motivo, a veces concretar un objetivo lleva su tiempo. El hecho de que la oración tenga determinada respuesta o el momento en que eso ocurra pueden tener muchos significados. Pero, sin duda alguna, en el mismo momento en que uno comienza a orar, su vida empieza a moverse en dirección positiva.

Pensar en uno mismo es propio de la naturaleza humana. Lo importante es que nos relacionemos con el Gohonzon tal como somos. Si cuando estamos frente al Gohonzon adoptamos poses, estamos mostrando un aspecto de nuestro yo que no es real. Sólo que el Gohonzon no responde a la mentira ni a la falta de autenticidad.

Cuando hacemos daimoku por lo que más añoramos y por lo que más nos preocupa, naturalmente nuestro estado de vida se abre y se eleva; esto, de por sí, hace que nuestro corazón sienta deseos de orar por la felicidad de los seres queridos y por el kosen-rufu. Al mismo tiempo, hay algo muy importante, y es que nos desafiemos para orar por grandes metas. Sin embargo, lo que quiero decirles es que se sientan en total libertad de orar por cualquier cosa que deseen.

Nuestra vida es como una flor; es una entidad de Myoho-renge-kyo. Uno puede hacer que esa flor se abra sólo cuando emprende acciones en bien del kosen-rufu. Orar sin actuar por este gran ideal es como tratar de cultivar una flor dándole agua pero sin exponerla a la luz del Sol. En tales circunstancias, es inútil esperar un desarrollo de nuestra identidad. 

Pero, en cambio, cuando nos esforzamos por el kosen-rufu, sin falta recibimos protección. Es importante no alejarnos de nuestros amigos y compañeros de la SGI, pues la organización es, de por sí, un castillo de paz y de tranquilidad, un recinto lleno de tesoros… ¡Cuánto nos ha protegido a todos esta grandiosa organización!

El maestro Toda solía decir: «La Soka Gakkai es más valiosa que mi propia vida». Cuando uno toma a la ligera a la organización del kosen-rufu, se expone a ser tratado de la misma forma por el rey Brama (Bonten), Shakra (Taishaku) y todas las funciones protectoras del universo. ¡Para gente así, las funciones del universo no disponen de tiempo!

Invariablemente, los miembros anónimos que tanto se esfuerzan en las actividades por el kosen-rufu son tesoros más valiosos que cualquier celebridad mundana. Las personas cuya vida está dominada por los estados de infierno y de hambre sienten rencor y envidia hacia la felicidad de los demás, y lo que las devora es el deseo sincero de que los demás caigan en el mismo estado de Infierno que ellas padecen. 

En cambio, los que viven en estado de bodisatva o de Budeidad arden con el deseo de ayudar a las personas a ser felices. La SGI es una organización solidaria, cuyos miembros dedican la existencia a buscar su propia felicidad mientras obran para incentivar la felicidad de los demás. El kosen-rufu es un movimiento destinado a extender esta «corriente vital de profunda solidaridad» –que es lo que más necesita nuestra sociedad– y nutrir con ella al mundo.

Aunque parezca que nuestra presencia individual es muy pequeña, un cuerpo que se mueve es capaz de generar una ola. Si nos movemos, vamos a formar una ola tras otra, y esto representa, de por sí, el avance del kosen-rufu.



Material extraído de:

IKEDA, Daisaku: La sabiduría del Sutra del loto, Buenos Aires: Azul índigo, 2024, vol. IV, pág. 249.

© Humanismo Soka - 2024

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